28 DE JUNIO · LA BENDICIÓN DE LA SANTIDAD

No existe nadie mas generoso, misericordioso y amoroso que nuestro padre Dios; quien nos escogió no ahora, sino desde antes de la fundación del mundo. Dios ve tan claro el futuro como el presente; y no solamente pensó en nosotros, sino que nos escogió. Al profeta Jeremías el Señor le dijo: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”. (Jeremías 1:5). El apóstol Pablo al referirse a nosotros, dice casi lo mismo. “Antes de la fundación del mundo fuiste escogido en él”, Recuerde, Dios ve el futuro tan claro como el presente, no hay nada que se esconda delante de sus ojos, todo el plan de redención fue establecido antes de la fundación del mundo, ya el Padre sabía que su hijo Jesús era el que tomaría el lugar de la raza humana, y con su sacrificio nos daría redención.

Recordemos que en el reino espiritual el tiempo no se cuenta de la misma manera como se hace en el plano natural, para Dios un día es como mil años, mil años como un día. Para el ser humano especialmente los cristianos nuestra existencia lleva seis mil años, para Dios seis días; o sea, en el mundo espiritual todo se cuenta de otra manera y Dios nos escogió desde antes de la fundación del mundo. Pero él lo hizo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él.

“En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. (Verso 4). Cuando Dios creó al hombre estableció su destino, y el destino lo unió a su palabra y le dijo: “De todos los árboles que hay en el huerto podéis comer pero del árbol que está en el centro, el árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo no comerás porque el día que de él comieres ciertamente morirás”.

¿Ahí que se estableció? Si el hombre obedecía a la palabra de Dios viviría para siempre; y si desobedecía, se expondría a la condenación eterna. podemos decir que el primer molde de la raza humana salió defectuoso y todas las copias salieron con el mismo defecto; porque el pecado de Adán corrompió a toda la raza humana; ahí fue cuando Dios en su infinito amor envió a su hijo Jesús, que vino como el último Adán, y con su muerte y resurrección se cerraba el ciclo de el Adán que fallo, y Jesús, a través de su sacrificio donde se comprometió en cargar con la maldición del primer Adán, y asumió voluntariamente recibir todo el castigo de la raza humana en su propio cuerpo y la predestinación de condenación fue cancelada con su sacrificio en la cruz del calvario.