10 DE DICIEMBRE · LA BENDICIÓN DE LA PASCUA

Cuenta la historia que con el motivo de venir a Centro América a conocer al príncipe de las letras castellanas, unos señores de Asturias, buscaron al poeta Rubén Darío en su querida ciudad de León.

Coincidió la visita al mismo tiempo que el poeta había caído en uno de sus tantos altibajos del alcohol y se había tomado unas vacaciones para hacer culto A Vaco. (dios griego del vino y del placer)

Los señores lo encontraron en las afueras de una taberna; descuidado, sucio y andrajoso. El menosprecio por el poeta Nicaragüense se hizo sentir, pero a cambio, él soltó este poema:

Puede una gota de lodo sobre un diamante caer,
Puede también de este modo su fulgor obscurecer.
Pero, aunque el diamante todo esté de fango lleno
El valor que lo hace bueno no ha de perder ni un instante.
Y ha de ser siempre diamante por más que lo manche el cieno.

Eso precisamente hace la Sangre que derramó Jesús por nuestras vidas. El diablo se encarga de manchar a los hombres, pero Jesús con su sangre se encarga de limpiar el cieno de nuestras vidas para que quede a la vista el diamante que hay en nosotros.