16 DE JUNIO · LA BENDICIÓN DE LA GRACIA

En la antigüedad, la muerte de Moisés fue el concluir la travesía del pueblo de Israel en el desierto y, a la vez, el resurgir de un nuevo liderazgo a través de Josué, cuya misión era llevar al pueblo a la tierra prometida. Con Jesús sucede algo similar, la ley culmina en Jesús, para que el pueblo de Dios entre en el período de la gracia. Pablo comenta al respecto: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). “Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte” (Romanos 6:20-21). La ley despertó el deseo pecaminoso en el hombre, más la gracia nos dio conciencia de redención a través de Jesucristo.

Jesús dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mateo 5:21-22). Por lo general, el ser humano clasifica los pecados en dos categorías: Pecados graves o mortales y pecados leves o veniales. El Señor Jesús equiparó el pecado de quitar la vida a otra persona con el enojo. Muchos creen que el enojo es un pecado leve e insignificante, mas el sabio Salomón dijo: “El necio al punto da a conocer su ira” (Proverbios 12:16a).

Jesús dijo así: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28). El Señor Jesús dio el mismo valor a la intención del corazón que al hecho realizado. Aunque alguien nunca haya cometido el acto de impureza sexual, si tan solo lo deseó en su corazón, es como si lo hubiera hecho. Mi cuñada y una compañera de trabajo frecuentaban una cafetería. Allí esta mujer pasaba unos cuantos minutos observando las tortas que estaban en exhibición.

Aunque no compraba ningún pastel, se imaginaba comiéndolos y hasta podía degustar su sabor. Siempre que se sentaba en ese lugar con mi cuñada decía sonriente: “Hoy me comí cinco deliciosos pasteles”. Lo interesante de esta historia fue que dos meses después, esta mujer había aumentado diez kilos de peso. Fue como si verdaderamente los hubiera comido.

Los científicos han comprobado que, cuando el hombre capta una imagen en su mente, el sistema nervioso lo registra como si ya hubiese ocurrido. Por lo general, tratamos de diferenciar el deseo del acto, pero para Dios no hay ninguna diferencia. Deseo y acto tienen el mismo valor.