21 DE MAYO · LA BENDICIÓN DE CONOCER AL SEÑOR

Una de las inquietudes de Moisés era que el Señor le mostrara el camino. en la misma inquietud se encontraban algunos de los discípulos del Señor Jesús: “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.” (Juan 14:5-7)

Años atrás recibí una carta del Dr. Cho en la cual nos compartía a todos los miembros de su Junta que el gran evangelista Oral Roberts había partido a la presencia de Dios.

Al leerla, vinieron a mi mente los recuerdos de lo que fue su llamado al ministerio; si lo pudiera resumir, diría que él fue un hombre que entendió que era el líder de Dios para este tiempo. No obstante, cuando era adolescente, su gran sueño a conquistar era el de ser abogado y gobernador de su Estado; dentro de sus planes no estaba servir a Dios.

Esto lo llevó a vivir a su manera, pero un día mientras participaba de un campeonato de baloncesto se desplomó en el piso quedando inconsciente. El diagnóstico médico fue tuberculosis. Esto ocurrió en el año 1935, cuando no había cura médica para esta enfermedad. Después que el doctor les dio la noticia a sus padres de que no viviría, ellos y la enfermera se arrodillaron junto a él y oraron fervientemente a Dios para que Él salvara su alma. Pero Oral permanecía indiferente, no sólo a la oración sino también a las lágrimas que ellos derramaban por él.

Aunque su mamá y la enfermera se levantaron de sus rodillas, su padre continúo clamando por la salvación de su hijo; en un momento Oral miró a su padre y vio que su imagen se desvanecía y su rostro se transformaba en el rostro de Jesús. Esta visión sacudió hasta lo más profundo de su ser y pudo ver al Invisible; inmediatamente clamó a voz en cuello implorando a Jesús que lo salvara, tuvo convicción de pecado y con firme determinación le dijo al Señor: “Si Tú me perdonas y me salvas, predicaré Tu Palabra”. En ese momento la gloriosa presencia del Señor descendió sobre todo el cuarto.

Unos meses más tarde asistió a una reunión de milagros donde el evangelista George C. Mocey oró por él, reprendiendo el espíritu de enfermedad y fue completamente sano. Desde entonces se preparó para servir a Dios convirtiéndose en uno de los más grandes evangelistas usados por Él en la sanidad divina; también fundó una de las universidades más prestigiosas: Oral Roberts University, en Tulsa, Oklahoma.