18 DE OCTUBRE · JESÚS Y LA ORACIÓN

El poder comunicarnos con el Creador a través de la oración es uno de los más grandes privilegios que podemos tener. Ciertamente es la oportunidad que Dios nos brinda para relacionarnos de manera directa con Él. Jesús no enseñó a Sus discípulos a predicar, pero sí les enseñó a orar. Creo que todo creyente sincero debe tener la misma disposición que tuvieron ellos. Jesús procedió a enseñarles la oración más importante de todos los tiempos, “El Padre nuestro”.

Los judíos habían convertido la oración en un acto meramente externo acompañado de movimientos, gesticulaciones y palabras repetitivas expresadas de manera mecánica, lo cual había llevado a que aun los líderes religiosos cayeran en hipocresía, dando prioridad a la apariencia externa antes que a la actitud interna. Cuando el Señor Jesús llamó a Dios Padre, introdujo uno de los puntos doctrinales más revolucionarios de aquel entonces al enseñar a la gente que orara diciendo: “Padre nuestro”. Hasta ese tiempo, ningún judío se había atrevido a llamar a Dios Padre. El padre de todos los israelitas era Abraham y se sentían orgullosos de ello. Así decían: Nuestro padre es Abraham (Juan 8:39a).

Que un judío dijera que Abraham era su padre, era algo muy dignificante. Pero que alguien afirmara que Dios era su Padre, era considerado una blasfemia ya que significaba colocarse al mismo nivel de Dios. Imagine cómo se sintieron ofendidos aquellos judíos sectarios al escuchar al Señor confesando: “Dios es mi Padre”; Se incomodaron tanto con Él que llegaron a creer que era un pretencioso, y fue uno de los motivos por lo cual lo persiguieron, acusándolo de blasfemo. “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33). A lo cual Él respondió: “¿…al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:36-38).

Jesús podía llamar a Dios Padre porque Él tenía Su misma naturaleza divina; y para que nosotros podamos llamar a Dios Padre debemos ser adoptados como hijos Suyos; lo cual se logra por medio de la fe en Jesucristo “Mas a todos lo que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13).

Usted es un hijo de Dios, es parte de la familia real. Debe esforzarse en aprender y escudriñar Su Palabra, la cual le enseñará acerca de los modales del Reino porque usted ha sido adoptado como hijo de Dios. Disponga su corazón y CONÉCTESE CON DIOS, por medio de la oración.