3 DE DICIEMBRE · JESÚS NUESTRO LIBERTADOR

Esta es, sin duda, una de las mayores necesidades que experimenta el ser humano. En la sociedad actual, uno de los problemas más arraigados que las personas experimentan, es el vacío espiritual. El ser humano es el único, entre todos los seres de la creación, que muestra una tendencia al aburrimiento, porque ha cambiado los valores primordiales que existen en él. Dios creó al hombre dotado de una mente pensante, de ahí que supere a las demás criaturas en el intelecto; pero no sólo Dios lo hizo con intelecto sino que también lo hizo espíritu y alma viviente. El espíritu es la parte del ser humano que puede comunicarse directamente con Dios.

La Biblia dice que el pecado del hombre ha matado el espíritu; así que, si el espíritu está muerto, el ser humano va a aburrirse. A través del tiempo, el hombre no ha pensado que la solución de su problema es volver el rostro a Dios sino que ha buscado sustitutos y ha inventado todo tipo de diversiones y distracciones para pasarla bien, por-que tiene que librar interiormente su más grande lucha y él quiere acallar la voz de la conciencia que le grita que su espíritu necesita vida. Lo que le interesa es la apariencia externa, sin medir las consecuencias tanto en esta vida como en la eternidad.

El Dr. Billy Graham decía que el ser humano es parecido a esos hermosos vehículos que se exhiben en vitrinas, tan bellos por fuera pero sin una gota de gasolina por dentro. Se esfuerza por aparentar ser lo mejor de la sociedad, pero por dentro carece del combustible divino del Espíritu Santo, y por eso está muerto. Jesús nunca escribió un libro, pero inspiró al mayor número de escritores; nunca cantó una melodía, pero ha inspirado a los más grandes cantantes y músicos; nunca estudió medicina, pero ha sanado millones de personas a través de las épocas; nunca fundó una universidad, pero ha brindado más enseñanzas que cualquier otro hombre. “Nadie ha escrito acerca de Jesús tanto como lo han hecho los creyentes, porque Él es Dios” (Anónimo). Los cristianos sabemos que Jesús es el Verbo de Dios.

Ese Verbo encarnado que ha existido por los siglos de los siglos. Cuando Jesús ejerció su ministerio su palabra iba cargada de poder, el centurión romano que tenía su criado muy enfermo le dijo a Jesús: “no es necesario que entres bajo mi techo, sólo di la palabra y mi criado sanará”, el mismo Señor Jesús quedó maravillado de la fe de este centurión y dijo: “Ni siquiera en Israel he hallado tanta fe” una persona que no era del pueblo de Israel, era un romano, pero tenía el concepto del poder de la palabra, él dijo, no necesito que entres bajo mi techo, tu voz es una voz de autoridad, como diciendo los mismos ángeles se someten a lo que tú digas, los mismos demonios se doblegan ante tu palabra, solamente di la palabra y mi criado sanará.