27 DE AGOSTO · JESÚS EL VICTORIOSO

¿Cuál es el misterio escondido detrás de la Cruz del Calvario? Sansón propuso un enigma: “Del devorador salió comida y del fuerte salió dulzura” (Jueces 14:14a). Jesús tenía que hacer algo similar. La cruz era símbolo de maldición porque está escrito: “Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13b), es decir, el que sea crucificado. ¿Cómo algo que representaba maldición se convertiría en bendición?

En todo el Universo sólo había una persona que podía hacer esto, era Jesús. Aunque durante Su vida ministerial, el Señor había estado muy seguro de Su misión, cuando se encontró en el huerto del Getsemaní y Sus ojos fueron abiertos y vio todo lo que sobrevendría en las horas ya cercanas, esto lo hizo estremecer y elevó una oración al Padre pidiéndole que buscara otra forma de redimir a la humanidad, sin que Él tuviese que beber esa copa amarga de la crucifixión. Pero el cielo guardó silencio, porque los ángeles sabían que, si Jesús no lo hacía, nadie podría hacerlo. Él era la única ofrenda preparada por el Padre, para redimir al hombre (Hebreos 10:14). Lo que hizo estremecer a Jesús.

Al ver las legiones de demonios que venían como lobos feroces a devorar Sus carnes y toda la furia del infierno cayendo sobre sí, esto hizo estremecer a Jesús. Él sabía que enfrentaría el poder de la muerte y que obtendría la victoria sobre ella después de tres días. El Apóstol Juan en la revelación del Apocalipsis contempla a Dios Padre con un libro sellado con siete sellos, pero nadie podía abrir ni mirar. Juan estaba desconsolado, hasta que uno de los ancianos lo consuela y le dice: “No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado” (Apocalipsis 5:5-6). Jesús se convirtió en el Cordero de Dios, el único que pudo quitar la maldición de toda la humanidad.

Aunque por tres días estuvo muerto Su cuerpo, gracias al espíritu de santidad que había en Él, pudo vencer la muerte y levantar Su cuerpo libre de toda contaminación, Su santidad absorbió la corrupción, Su vida perfecta absorbió la muerte, Su justicia absorbió la injusticia, Su bendición absorbió la maldición. Todo lo que Jesús vivió fue por nosotros y, si nos disponemos, el Señor toma nuestra naturaleza y la une a la Suya en la Cruz del Calvario. Es nuestro deber cada día crucificar nuestra débil y humana naturaleza para que el poder de la resurrección divina fluya a través de nosotros.