17 DE MAYO · JESÚS EL SEGUNDO HOMBRE

Ayer estuvimos viendo que Dios creo al hombre a su imagen y semejanza; con voluntad propia para decidir; razón por la cual dejo dos arboles como prueba de su obediencia y de eso dependería el destino eterno de la raza humana. pero como sabemos el hombre se rebelo contra Dios y el Señor para redimir la humanidad, tuvo que enviar a su único hijo, para que este redimiera la humanidad; lo cual logro con su muerte y resurrección.

El segundo hombre vino del cielo, directamente engendrado en el vientre de la virgen María por el Espíritu Santo: ”Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres […] Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. […] Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:28 / 30-31 / 34-35).

Con la venida de Jesús se abrió un camino nuevo para todos nosotros, un nuevo linaje, una sangre sin contaminación. Jesús vino con un nuevo código genético, el cual fue puesto al alcance de todo aquel que en Él crea: “Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13).

Al establecer el paralelo entre Adán y Jesús, San Pablo concluyó diciendo: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Corintios 15:50).

Creo que a esto era a lo que se refería el Señor cuando a través del profeta Jeremías dijo: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:31-33).

Recordemos lo que Jesús hizo en la última cena: “… tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20). El hombre que aprende a vivir en un caminar de fe hace que todo sea posible, pues creer es la llave.