9 DE NOVIEMBRE · INVITANDO AL SEÑOR A MI HOGAR

Cuando el Señor me llamó a comenzar la Misión Carismática, me habló de empezar con célula en nuestro hogar; el Señor vio que fui fiel y amplió la esfera de mi responsabilidad hasta entregarme las multitudes. Este principio celular se conserva desde los tiempos de la iglesia primitiva cuando el crecimiento de las congregaciones se dio a partir de las células.

En el capítulo 10, del libro de los Hechos, vemos que el apóstol Pedro visitó el hogar de Cornelio, un centurión Romano que había dispuesto su corazón en ayuno y oración para buscar a Dios. Por eso recibió la visita de un ángel, quien lo orientó para que buscara la persona indicada que llevaría la palabra de salvación a toda su casa. Cornelio había invitado a sus familiares y amigos, las personas más allegadas a él, para que escucharan la palabra de vida que el Señor traería a través de la predicación de Pedro. Esta era la primera vez que el apóstol visitaba el hogar de alguien que no era parte del pueblo de Israel; cuando Cornelio vio al apóstol se inclinó haciendo una reverencia, pero Pedro le dijo que Dios era el único digno de ser adorado. Cornelio de toda la experiencia sobrenatural que había tenido, después concluyó diciendo: “Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:33).

Cornelio sabía que la presencia del apóstol Pedro en su propia casa marcaría un nuevo comienzo en su vida. Sin embargo, pienso que Cornelio no alcanzó a imaginar el impacto tan poderoso que esa visita tuvo en todas las naciones del mundo. En aquella reunión nació la fe en aquellos que no son parte del pueblo de Israel. Fue en ese hogar donde Dios extendió sus brazos para dar esperanza de salvación a todos los rincones de la tierra.

Algo muy importante en la vida de Cornelio fue su obediencia. Él entendió que Pedro era el mensajero de Dios, y que cada palabra que saliera de su boca no era propia, sino de Dios. Así que estuvo dispuesto a obedecer todo lo que el apóstol le mandara.

El mensaje de Pedro fue muy breve y lo centró en la obra del Señor Jesucristo: “… cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (v.38).

Esta reunión resultó tan poderosa que la misma gloria de Dios descendió sobre todos los que estaban escuchando el mensaje: “Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10:45, 46).