20 DE SEPTIEMBRE · INTERCAMBIO DIVINO

Jesús no fue cualquier hombre, Él fue el Verbo de Dios; el mismo que creó todo lo que existe, el único motivo por el cual Él vino a este mundo, fue por usted y por mí. Lo que lo motivo a hacerlo fue Su amor por nosotros. Si Él no hubiera venido a entregar Su vida, nosotros nunca hubiésemos tenido la oportunidad de ser salvos.

Jesús es conocido como el último Adán porque nació sin pecado, sin embargo llegó a la Cruz porque tenía que tomar nuestro lugar de pecadores y ser castigado con la muerte. En Deuteronomio 21:22-23 dice: “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado…” El Padre sabía que ninguno de nosotros podía pasar por eso sufrimiento, él sabía que nadie podía redimirnos, por eso Jesús tomó nuestro lugar, fue un amor sin límites.

Pablo lo entendió muy bien por eso él dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Esto está en Gálatas 2:20.

Cuando Pablo tuvo su encuentro con Jesús después de haber sido un asiduo perseguidor de los cristianos todo cambió dentro de Él, sus ojos se abrieron y entendió que Él era el verdadero Dios, que era la vida eterna, comprendió que Él se hizo hombre y que murió por todos nosotros.

La vida cristiana tiene un antes y un después de la Cruz. Si usted no entrega toda su naturaleza y la deja clavada en ella estará viviendo en religiosidad, porque la vida cristiana empieza genuinamente cuando uno lleva los pensamientos las emociones, y los deseos a la Cruz, en ese momento muere nuestro Yo, ese Yo que es conocido como el hombre viejo. Usted estará luchado con la antigua naturaleza todos los días, pero Pablo se aseguró de que estuviera no en él si no en la Cruz y en el inicio de cada día llevaba al hombre viejo a la Cruz.

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos” Efesios 4:22. Si usted en verdad anhela conquistar algo grande para Dios, primero debe despojarse de ese viejo hombre, que esta contaminado por el pecado.