3 DE JUNIO · COMO INSPIRARNOS EN LA FE

Es útil para enseñarnos específicamente el camino de la fe. Durante mis primeros dieciocho años de vida anduve en mis propios caminos, haciendo lo que creía más conveniente, mas para ese entonces me sentí desafiado por un profesor que trataba de ridiculizar la Biblia.

Incomodó a mi espíritu la actitud ateísta de ese hombre de tal manera que despertó en mí un fuerte deseo por saber lo que Dios decía en Su Palabra. Al ir leyéndola, lo que había oculto en mi corazón salió a la luz. Era como si me estuviera mirando en un espejo espiritual y sentí la necesidad de limpiar mi corazón, mas no sabía cómo hacerlo. Meses después, con firme determinación, invité a Jesucristo a transformar mi vida y en ese instante Él me respondió. Hasta ese momento no tenía fe, pero vino a mí por causa de la Palabra de Dios, ya que si no hubiese sido inspirado por ella, jamás me hubiera atrevido a invitar a Jesús a mi corazón.

Repetir una promesa de la Biblia vez tras vez no significa tener fe y que pueda conquistarse el milagro. La Palabra de Dios debe renovar su manera de pensar. Para desarrollar la fe, primero debemos comprenderla. De la mente, debe pasar a las emociones para comprometer la voluntad. Cuando nuestra voluntad está comprometida un ciento por ciento con la Palabra, estamos listos para el desarrollo de una vida de fe, porque sólo podemos confesar aquello que hemos atesorado en el corazón. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios…” (Hebreos 11:6).

El Apóstol Santiago escribió: “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18). Dios dejó la puerta abierta para que todo aquel que quisiera, pudiera nacer a la vida espiritual. Jesús dijo: “…si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). El nuevo nacimiento implica un desprendimiento de la naturaleza afectada por el pecado para que el espíritu pueda fructificar en el reino espiritual.

A través del profeta Ezequiel el Señor dijo: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27).

Nadie en el mundo podrá jamás tener dos corazones al mismo tiempo; nadie puede tener un corazón para Dios y otro para el pecado. Quien está del lado de Dios, aborrece el pecado; la promesa de Dios es: Corazón nuevo, espíritu nuevo. Cuando esto sucede, Él remueve de nosotros el corazón duro y el espíritu rebelde. Ese espíritu nuevo que recibimos, es el Espíritu de Dios.

El Espíritu de Dios es el único que nos ayuda a entender las Escrituras, nos da la fuerza para obedecerla y prepara el ambiente para que Sus promesas se cumplan.