2 DE DICIEMBRE · EL INCOMPARABLE CRISTO

El hombre que ha impactado el mundo entero a través de todos los siglos se llama Jesucristo. Aunque la sociedad haya tenido hombres a quienes llama grandes, ya sea por sus conquistas, sus hazañas, sus dotes políticas, por sus vidas religiosas o de ascetismo, o también por sus filosofías y doctrinas conocidas en el mundo, algunos como grandes moralistas, otros como poderosos conquistadores, o excelentes estrategas políticos, militares o religiosos, sin embargo ninguno se puede comparar con Jesús.

Lo que Jesús hizo, ningún otro hombre podrá jamás igualarlo, pues sólo alguien que fuera igual a Dios, podría hacer lo que el Señor Jesús hizo. El Apóstol no presenta un tema para controversia, sino una verdad indiscutible. “Dios fue manifestado en carne”, y el Señor mismo expresó: “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Si Jesús es Dios, vale la pena conocerlo y darlo a conocer. “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen aman la muerte” (Proverbios 8:35-36). En su epístola a los Colosenses, Pablo toma de la inspiración divina y, en un lenguaje sencillo, revela los atributos de la deidad en la persona de Jesucristo.

“Cristo es la imagen misma del Dios invisible, y existe desde antes que Dios comenzara la creación, es más, Cristo mismo es el creador de cuanto existe en los cie-los y en la tierra, de lo visible y lo invisible. El mundo espiritual con sus correspondientes reyes y reinos, gobernantes y autoridades, fue creado por Él y para Él. Cristo existió antes que las cosas que existen cobraran existencia y es por su poder que subsisten” (Colosenses 1:15-17 Biblia al día). Jesús confundió a Sus adversarios al decir que ciertamente antes de que Abraham fuese, Él ya era. Los rabinos y maestros decían que si no tenía ni cincuenta años, ¿cómo podía él conocer a Abraham que había existido dos mil años atrás? Jesús es Dios.

Él tomó un cuerpo humano para enseñar la gloria venidera a todos los hombres. El escritor a los Hebreos dijo: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí”. (Hebreos 10:5-7). Todos los sacrificios que ofrecían los judíos a Dios, no pudieron cubrir el ciclo de la redención, pues esta se podía consolidar solo a través de la obra redentora de Jesús. quien voluntariamente dijo: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Nadie le quito la vida a Jesús, él mismo la ofrendo por amor a cada uno de nosotros.