2 DE SEPTIEMBRE · HIJOS DE DIOS

Aunque la nación de Israel, fue la que Dios escogió, como su pueblo, por causa de la fe de Abraham. Pero cuando Jesús el hijo de Dios vino a ellos, los judíos no lo aceptaron y lo vieron como una amenaza a la religión de ellos y decidieron matarle, llevándolo a la crucifixión. Y esta fue la razón por la que el mismo Dios, abrió la puerta para todas las personas de todas las razas y de todos los credos, que se dispusieran a aceptar a Jesús como el Señor y salvador de sus vidas, tuviesen la potestad de ser hechos hijos de Dios; y Dios engendra en ellos espíritu de vida, a través delo Espíritu Santo.

“Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la Palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18). Cuando una persona recibe el mensaje contenido en la Palabra de Dios, ésta produce un nuevo aliento que es impulsado por el Espíritu Santo. El Señor Jesús dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Cuando nacemos de nuevo, el Espíritu Santo planta en nosotros la vida de Cristo y Él mismo se encarga de sellarla para que no sea revocada, garantizando la vida eterna.

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. (Efesios 1:13) Piense por un momento en alguien que tiene un vehículo que está bien deteriorado por el uso. Desea cambiarlo pero no cuenta con los recursos necesarios para hacerlo; no obstante, el dueño de un concesionario de autos lo busca y le dice: «Señor, ya tengo la solución a su necesidad: deme su carro viejo y yo le doy este Mercedes Benz último modelo sin pedirle ni un sólo centavo a cambio» Cualquiera podría decir: ¡Este es el mejor negocio del mundo!. Mucho mejor que este negocio es el hecho de que Dios tomó todo lo malo que éramos y, a cambio, nos dio todo lo bueno de su hijo Jesucristo.

El nuevo nacimiento tiene que ver con despojarnos totalmente del hombre viejo, para empezar a disfrutar de una nueva naturaleza. “De la punta del pie a la cabeza no hay nada sano en ustedes; todo es heridas, golpes, llagas abiertas; nadie se las ha curado ni vendado, ni les ha calmado los dolores con aceite” (Isaías 1:6, Biblia al Día). Aceptar a Jesús en el corazón es disfrutar del sello del Espíritu Santo dentro de nuestras vidas.