28 DE ABRIL · HEREDEROS DE BENDICIÓN

Es interesante que el Señor Jesús en la parábola del hijo prodigo; cuando el hijo regreso a casa, su padre dijo: dijo: “… traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Lucas 15:23-24).

Para celebrar el regreso de su hijo, el padre mandó traer el becerro gordo y matarlo, esto nos habla de la provisión de Dios para Sus hijos. Cuando Él pidió a Abraham que le ofreciera su hijo en sacrificio, de una manera obediente él caminó durante tres días hasta llegar al monte Moriah. Cuando ya estaba llegando al lugar donde Dios le había dicho que sacrificara a su hijo, el pequeño niño lo detiene y le dice: “Papá, ¿puedo preguntar algo?” Y él le responde: “Hijo, pregunta lo que quieras”. Entonces, Isaac le pregunta: “He aquí el fuego y la leña; más ¿dónde está el cordero para el holocausto?” (Génesis 22:7).

Fue el momento más angustioso para Abraham, él posiblemente guardó silencio, cerró los ojos y elevó una plegaria diciendo: “Dios, ayúdame, no sé qué responder a mi hijo, ¿cómo le voy a decir que él es el sacrificio? Señor, dame una palabra de sabiduría para responder correctamente a mi hijo…”. En ese momento viene la más grandiosa revelación que alguien haya podido tener, pues oye la voz del Señor que le dice: “Jehová Jireh”, esto significa “Dios proveerá”.

Cuando llegan al monte, Abraham edifica un altar, amarra a su hijo de las manos y los pies, quien posiblemente le habrá dicho: “Papá, ¿qué es lo que estás haciendo?, ¿Qué piensas hacer conmigo, por qué me atas las manos y los pies? ¡Papá, no creo que vayas a hacer lo que estoy pensando!” Abraham estaba en un conflicto interno que lo llevó a poner fin al asunto lo más rápido posible y, cuando se disponía a sacrificar a su hijo, el ángel del Señor se lo impidió diciéndole: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (Génesis 22:12).

El Señor Jesús dijo: “Abraham vio mi día y se gozó” (Juan 8:56). ¿Cómo pudo haber sido la experiencia? Quizá, en ese instante del sacrificio, Dios corrió el velo y le reveló a Abraham la obra de la crucifixión. Tal vez, Abraham le dijo: “Padre, ¿qué significa esa persona colgada de esa cruz?” Y el Padre le dijo: “Esa persona es Mi Hijo, así como tú anduviste tres días de camino para llegar hasta este monte, el Monte Moriah, Mi Hijo estará tres días y tres noches muerto, pero al tercer día resucitará”. “¿Por qué Tu Hijo está desnudo?” Y el Padre le dijo: “Él siendo rico, dueño de todo el universo, se hizo pobre para con Su pobreza enriquecer a muchos, toda la provisión que necesita la raza humana está en la Cruz.”