25 DE NOVIEMBRE · ESCOGIDOS POR DIOS

Cuando el profeta Isaías tuvo la gran revelación de la gloria divina, donde puedo contemplar la majestad de Dios, vio a los serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. esta visión confronto al profeta de tal manera que él mismo ex clamo: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” (Isaías 6:1).

Cualquier persona que tenga un encuentro personal con el Señor, por lo general es confrontado con toda su vida pasada y ve sus pecados de una manera tan clara, que lo único que le puede ayudar es la misericordia divina. “Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”. (V.6,7). El profeta comprendió que toda la contaminación que había en él, era por culpa de su propia boca. el apóstol Santiago dijo: “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”. (Santiago 3:2). Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? (V.8) Esas mismas palabras dichas setecientos años antes de Cristo hacen eco hasta nuestros días: ¿A quién enviaré? ¿A quién le podré confiar la obra del ministerio? Dios es Espíritu, y para llevar a cabo su obra, siempre busca una persona idónea en la fe.

Él está buscando a aquellos que se dispongan a creer en Él y a dejarse guiar en plenitud por su Espíritu. ¿A quién enviaré? Dios está buscando personas de integridad, de fidelidad, que tengan un hogar estable, que no le den la espalda a la mitad del camino, que tampoco se avergüencen de su testimonio.

Dios está buscando alguien en quien confiar. ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? A esta pregunta, el profeta contestó: «Heme aquí, envíame a mí». Cuando el Señor le dijo a Abraham: «Sal de tu tierra y de tu parentela, y ve a la tierra que yo te mostraré…» (Génesis 12:1), la respuesta de él fue: Heme aquí; estoy listo para obedecerte Señor y entró en una dependencia total de Dios y por las que debía mantenerse en un alto nivel de fe para poder obedecer todo lo que el Señor le dijera. Sabemos que Dios quiere relacionarse con cada uno de sus hijos pero, ¿cuántos se han preparado para oír a Dios?