1 DE DICIEMBRE · HAMBRE POR SU PALABRA

¿Ha tenido usted la oportunidad de escuchar el llanto de un bebé cuando tiene hambre? Es un clamor que nace de lo más profundo del ser. Los bebés aún no han aprendido a comunicarse con palabras, pero su llanto es suficiente para que los padres corran a calmar su hambre con alimento. Muchas veces, no sabemos cómo expresarle nuestro hambre a Dios; hambre por Su presencia, por Su poder, por la revelación de Su Palabra.

Allí es cuando el dulce Espíritu Santo se acerca para comenzar a interceder por nosotros (Romanos 8:26). Dios fue quien despertó el hambre por Su palabra en el pueblo de Israel, pues solo lo que sale de la boca del Señor tiene el poder para restaurar, sanar, traer provisión y dar vida. En Amós 9:11 el Señor promete ¨Cuando llegue ese día, haré que los descendientes de David, vuelvan a reinar sobre Israel. Volverán a ser fuertes como antes¨ (TLA). Crea que hoy el Padre Celestial sacia su hambre con Su Palabra, que hoy las promesas de Dios le devuelven las fuerzas y que por orden Suya hoy vuelva a reinar como hijo de Dios.

“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13). La iglesia de Tesalónica no recibió la Palabra como “palabras de Pedro, o de Pablo, o de Juan”, sino como la Palabra de Dios que es viva y es verdad, que actúa poderosamente en los creyentes. Cuando la Palabra está sobre nosotros y vivimos saturados de ella, lo que hablamos con los demás es Su Palabra. La Biblia nos ofrece la facultad de creer en la obra redentora del Señor Jesucristo, lo que nos convierte en hijos de Dios. San Pedro afirma que somos partícipes de la naturaleza de Dios; es decir que, si el Padre diseña, usted también puede hacerlo, porque su fe lo capacita para diseñar.

Crea que todo lo tenebroso de su situación puede transformarse a través de la fe en algo hermoso, útil y productivo. Una vez que usted logre elaborar el diseño anhelado en su mente, puede presentarlo al Espíritu Santo, quien se mueve en medio del caos de sus problemas; luego, usted confiesa Su Palabra, que es lo que libera todo el poder de Dios. Somos los instrumentos de Dios para cambiar nuestro destino, el de nuestros seres queridos y de nuestra nación, todo por medio de la correcta confesión de la Palabra de Dios que es viva y eficaz. Memoriza los versículos que Dios le ha dado como promesa y declarelos en su tiempo de oración.