29 DE NOVIEMBRE · HACIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS

Los ángeles obedecen la voluntad de Dios; cualquier cosa que Él desea inmediatamente es suplida por ellos, quienes no argumentan, ni discuten, ni se disculpan, sino que actúan. Las personas que llegaron a tocar el corazón de Dios fueron aquellas que conocieron y obedecieron Su voluntad sin cuestionarlo. El salmista dijo: “Enséñame a hacer tu voluntad…” (Salmos 143:10).

Es necesario que recibamos la instrucción de Dios para saber cuál es Su voluntad para nuestra vida. Lo importante no es lo que usted quiere hacer para Dios sino lo que el quiere que usted haga para Él. Muchas personas trabajan en la obra de Dios, más no en el propósito de Dios, es por eso que usted debe tener la sensibilidad para saber cuál es la voluntad de Dios para su vida.

La bendición vendrá desde el momento en que tomemos la decisión de servir a Jesucristo con todo nuestro corazón, pero debemos ser conscientes si estamos, o no, cumpliendo el propósito de Dios en esta tierra. Si Él permitiera que cada persona pudiera estar unos minutos en el infierno, nunca más volverían a ser los mismos. Una gran compasión nacería en el corazón por aquellos que están perdidos y se lanzarían a rescatar las almas de las garras del diablo y de las profundidades del hades para trasladarlas al Reino de Dios.

El salmista dijo: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” (Salmo 143:10). El Salmista no quería pasar de una manera desapercibida en este mundo, él sabía que necesitaba estar en el centro de la voluntad divina, y por esto pide la dirección del Espíritu de Dios. Y eso mismo es lo que cada uno de nosotros debemos hacer, permitir que el Espíritu de Dios dirija cada uno de nuestros pasos. David dijo: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8). Cuando uno hace la voluntad de Dios siente satisfacción, es algo indescriptible, porque sabe que uno está en el centro de su voluntad, y esta es una muralla de protección que el Señor pone alrededor de nuestras vidas.

En una oportunidad en la cual el Señor tuvo hambre, sus discípulos le fueron a comprar comida. Cuando regresaron, encontraron al Señor hablando con la samaritana y cuando los vio les dijo: “Mi comida es hacer la voluntad del Padre”. Note que el Señor siempre tenía muy ligada la voluntad de Dios a lo más importante de su vida. No había ninguna necesidad física o prueba tan grande que lo apartara de la voluntad del Padre.

Apreciado amigo es importante entender que el Señor depositó en las manos de cada individuo un tesoro, el cual es nuestra herencia; y esto es nuestra voluntad. Nuestro destino depende del uso que le demos; si la rendimos a la voluntad de Dios, aseguraremos nuestra salvación.