17 DE JUNIO · HABLANDO POSITIVAMENTE

“Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.” (Mateo 5:37).

El Señor conocía el corazón del hombre y sabía que una de las grandes debilidades humanas era hablar precipitadamente. “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36-37). La palabra ociosa es aquella que no da fruto, es decir, de todo lo que el hombre hable y no tenga fruto, tendrá que dar cuenta a Dios. El fruto son las palabras, pues a través de ellas expresamos nuestro corazón y, por ese fruto, determinamos si somos o no buenos árboles. Así seremos declarados justos o seremos condenados. el apóstol Santiago dijo: “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”. (Santiago 3:2).

“La lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno”. (Santiago 3:5-6). No se refiere a el fuego que se necesita para preparar los alimentos o para calentar nuestro cuerpo o nuestro hogar; sino a ese fuego que arrasa con todo e inflama la rueda de la creación; Santiago sabia que la tierra era redonda, mucho antes de que los científicos lo descubrieran. y hoy en día a través de los medios masivos de comunicación, vemos como la lengua contamina toda la esfera terrestre; y quien esta detrás de esa maldad; es el infierno.

“Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”.(Santiago 3:9). Es muy variable, se mueve de acuerdo alas circunstancias.

El Señor le dijo a Pedro: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19). este texto nos incluye también a nosotros; Pedro conoció a Jesús el verbo de Dios, o la palabra de Dios que se hizo hombre y al aceptar a Jesús como nuestro salvador, el verbo de Dios viene a morar en nuestro corazón. Si usted habla, el cielo trabajara para usted, pues hay poder en la palabra que declare. Todo lo que salga de sus labios debe ser palabra de vida.

Razón por la cual debemos hablar aquello que edifica, motiva y conforta. Nunca pronuncie palabras que destruyan, desalienten o aflijan. Su boca es la boca de Jesús y sus palabras siempre deben llevar ánimo a sus discípulos. Muévase en la misma dimensión de fe en la cual se movió el Señor Jesús”.