17 DE MARZO · HABITANDO AL ABRIGO DE DIOS

Cuando un teniente de Pensilvania fue accidentalmente descubierto por el enemigo mientras intentaba llevar a cabo una misión muy importante en el extranjero, inmediatamente se puso en las manos de Dios, pero las únicas palabras que pudieron salir de su boca fueron: “Señor, ahora te toca a ti”.

Antes de tener una oportunidad de defenderse, el enemigo disparó a quemarropa, alcanzándolo en el pecho y haciendo que se cayera de espaldas. Pensando que estaba muerto, su compañero le quitó de las manos la carabina, la puso a la altura de la suya y comenzó a disparar con ambas armas. Cuando su amigo terminó, no quedó ni un solo enemigo.

Más adelante, la hermana del teniente en Pensilvania recibió una carta relatando esta increíble historia. La fuerza de aquella bala en el pecho solamente había dejado aturdido a su hermano. Sin pensarlo. Él se tocó la herida, pero lo que sintió fue su Biblia en su bolsillo. Sacándola encontró un feo agujero en la tapa. La Biblia que el llevaba había protegido su corazón.

La bala había atravesado Génesis, Éxodo, Levítico… y había seguido libro tras libro, deteniéndose en la mitad del Salmo 91, señalando como si fuera un dedo el versículo 7: “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; más a ti no llegará”. El teniente exclamo: “No sabía que este versículo estuviera en la Biblia, pero, precioso Dios, gracias por ello”.

Quizá su protección no se manifesté tan dramáticamente como lo hizo con este teniente del ejército, pero la promesa del Padre tiene el mismo poder en cualquier circunstancia que necesite de su protección.