3 DE FEBRERO · MÁS A DIOS GRACIAS

Se dice del gran líder Abraham Lincoln que tenía un corazón misericordioso, bondadoso y perdonador. Lincoln escuchaba con atención a las personas que lo buscaban y en muchas ocasiones se sentaba a llorar con ellos. Los mismos militares y los congresistas se dieron cuenta de que Abraham Lincoln siempre vivía perdonando a los soldados y lograron sacar una ley que determinaba lo siguiente: Al soldado que fallara en su servicio se le haría un consejo de guerra y luego sería condenado a la pena capital. La ley se estableció, y al poco tiempo de ser firmada se recibió la notificación de un soldado que se había dormido prestando la guardia. Se le hizo el consejo de guerra y la sentencia final fue de muerte.

El soldado contó a sus padres lo que había sucedido: “Yo no he traicionado mi patria, lo que pasa es que mi compañero de servicio se enfermó y yo presté guardia por él, al siguiente día siguió enfermo y yo seguí prestando la guardia por él; cuando estaba de servicio el sueño me venció y me quedé dormid y ese fue el problema”. Su padre le respondió que no podía hacer nada pero su hermana menor dijo: yo se que el presidente tiene una niña pequeña, voy a hablar con el presidente. Cuando llegó le comentó el problema al guardia y la dejaron pasar hasta el despacho del presidente donde discutía asuntos de estado con su gabinete. Sin embargo el presidente Lincoln hizo un alto para atender a la niña y cuando ella le contó la historia de su hermano, se conmovió tanto en el corazón que ordenó que se le perdonara la falta al soldado y que le dieran treinta días de descanso.

La gracia y compasión del Señor pueden cubrir todas tus faltas si te acercas a Él a contarle tu situación.