11 DE OCTUBRE · GRACIA REDENTORA

Durante estos días hemos estado aprendiendo que Jesús en el Sermón de la Montaña nos enseñó a ser bienaventurados, a ser sal y luz en este mundo, ahora nos instruye a que Él vino a cumplir la ley, pero también a revelarnos Su Gracia. La gracia es el regalo más extraordinario concedido por Dios a todos los que lo quieran recibir, y lo mejor es que no tiene ningún costo. Gracia viene del griego “caris”, que significa «belleza o atractivo».

LA GRACIA EMPIEZA CON DIOS. Él no nos ve en nuestra lamentable condición, sino que nos da una mirada favorable, que es la que produce el milagro de la transformación. Un gran ejemplo lo encontramos en la antigüedad, cuando Dios tomó la decisión de destruir la tierra con el diluvio a causa de la maldad del ser humano, porque toda carne se había corrompido. Lo único que preservó la existencia de la humanidad fue que “…Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:8).

La gracia tiene la habilidad de transformar nuestro destino, pues nos saca del abismo de oscuridad y nos transporta a la luz de Su amor. La gracia de Dios fue manifestada en plenitud a través de una persona, el hombre que más ha impactado el mundo entero, a través de todos los siglos: Jesucristo. San Pablo dijo: “El indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3.16).

Si Jesús es el mismo Dios, entonces vale la pena conocerlo y darlo a conocer, “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; Todos los que me aborrecen aman la muerte” (Proverbios 8:35-36). San Pablo, al respecto, dijo: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:15-17).

En la actualidad, el Espíritu Santo nos está conduciendo a una dimensión mucho más profunda en el conocimiento de Jesús; pues quiere que podamos conocerle como una persona, para que nuestra relación con Él sea tan cercana como lo es con cualquier gran amigo. Pablo dijo: “Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros” (Hechos 17:27). ¡Quiero invitarlo a que abra su corazón y reciba esa gracia abundante manifestada en la persona de Jesucristo!