5 DE NOVIEMBRE · GRACIA PARA TESTIFICAR DE JESÚS

Cuando en 1885 se celebró el jubileo de una de las misiones inglesas en las islas Fiji, el Reverendo James Calvert dijo que al principio de esos cincuenta años, aunque habían trabajado arduamente, no habían logrado ni un solo cristiano; a pesar de ello no abandonaron la lucha y para la celebración del Jubileo, en 1885, ya no quedaba ni un solo pagano en las islas.

El apóstol Pablo comenta su experiencia de lo que fue para él ese llamado a predicar el evangelio, no era algo que lo envaneciera; él lo hacía porque tenía la compasión por la salvación de la gente. Dios había puesto en su corazón el deseo de ganar el mayor número de personas; y esta carga se hizo más grande cuando sus ojos espirituales le fueron abiertos y pudo ver el fin que les esperaba a aquellos que permanecían distantes de Dios. Por tal motivo, exclamó: “¡Ay de mí si no predico el evangelio!”. En otras palabras, ahora que soy consciente del fin que les espera a aquellos que permanecen en ignorancia espiritual, ahora que conozco la destrucción eterna que les aguarda a sus almas, y que Dios me mostró la manera en que puedo rescatar a muchos de ellos, me debo esforzar en llevarles este mensaje de esperanza y de salvación.

Pablo escribiéndole a su hijo espiritual Timoteo le dijo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2 Timoteo 2:2). Pablo como líder espiritual, motivó a Timoteo a retener muy bien las enseñanzas que había recibido de él, para que las pudiera trasmitir no a cualquier persona, sino a aquellos que fuesen fieles, moldeables y con la habilidad de enseñar a otros.

En su carta a los corintios Pablo escribió: “¿Cuál, pues, es mi galardón? Que, predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio” (1 Corintios 9:18). Pablo se había propuesto una meta: Predicar gratuitamente el evangelio de Jesucristo. Dios puso ese deseo en su corazón. ¿Cómo lo sabemos? Porque se concentró exclusivamente en la salvación de las almas y fue conocido como aquel que trastornaba el mundo. Donde quiera que él llegaba, causaba conmoción. Los líderes religiosos sabían que ese hombre tenía el mensaje indicado para traer salvación a las almas.

Crea que, así como en el día de pentecostés, tendremos una visitación sobrenatural del Espíritu Santo; con gran osadía, los creyentes predicarán el evangelio de salvación con señales y prodigios tal como lo hicieron los apóstoles en el pasado. Este poder llevará a la Iglesia de Cristo a un nivel muy elevado de conquista y encenderá la llama del avivamiento en cada creyente, porque el tiempo de conquista es hoy.