AGOSTO 2 · FUNDAMENTADOS EN JESÚS

Este pasaje nos enseña cómo el Señor edifica Su iglesia: Hay una piedra que es conocida como la piedra angular; esa piedra angular se llama Jesucristo. Jesús es la base de la Iglesia, sobre la cual se erigen doce columnas, es decir, el fundamento apostólico que había sido profetizado en el Antiguo Testamento. Cuando Jesús escogió a Sus apóstoles escogió solamente doce, los cuales vinieron a ser el soporte que sostenía el peso de la iglesia.

Si observamos en el ministerio de los apóstoles, existió un tiempo donde éste no se desarrolló ni experimentó crecimiento; no hubo una extensión evangelística, nada sucedió, porque una de sus columnas no era idónea. Si usted lee el libro de Hechos, en el capítulo uno, verá que los once discípulos se reunieron y dijeron que era hora de echar suertes y escoger el reemplazo de Judas.  Ya la columna había sido removida y había pasado a la historia. 

Vemos que había dos candidatos para ocupar su puesto. Echaron suertes y esta cayó sobre un hombre llamado Matías. Lo interesante del caso es que ésta es la única vez que Matías se nombra en la Biblia, pero de algo estamos seguros, él llegó en el tiempo de Dios para ocupar el lugar de la columna débil, frágil y no confiable. Con Matías, edificar la iglesia se volvió algo factible. Con respecto al apostolado de Jesús, debían reunirse dos requisitos fundamentales para ocupar un lugar de tan alto privilegio: Primero, haber estado involucrado desde los comienzos de Su ministerio; segundo, haber sido testigo de la resurrección de Cristo. Y la suerte fue para Matías y este fue contado entre los doce.

Si tenemos los doce, pero uno de ellos tiene problemas de carácter, entonces la visión no se puede desarrollar. Los doce que Jesús tenía habían pasado la prueba; pues Jesús los direccionó en su carácter. Todos ellos habían experimentado la liberación, la sanidad interior, y también fueron sensibles a la dirección dada por su Maestro; hasta que llegara el momento en que estuvieran listos para ser usados poderosamente por el Señor. Como mencioné anteriormente el privilegio demanda responsabilidad, exige que cada uno de nosotros tengamos una vida íntegra. La visión nos saca del anonimato y nos transforma en líderes potenciales. Lo mínimo que debemos hacer es conformar nuestros doce.