1 DE ABRIL · FRUTO QUE DA VIDA

El hombre se diferencia del resto de la creación en la libertad que Dios le concedió para disfrutar de la felicidad, solamente tenía que alimentarse del árbol de la sabiduría y del árbol de la vida para alcanzarlo. Pero Dios quiso cerciorarse que el ser humano usara correctamente esa libertad y dispuso del árbol de la ciencia del bien y el mal en medio del huerto del Edén; ésta sería la prueba de su fidelidad para con Dios.

Lamentablemente, el hombre escogió erróneamente el camino, trayendo consecuencias funestas sobre toda la raza humana y el resto de la creación. Por causa del pecado, el hombre sufrió en carne propia la experiencia de perderlo todo.

San Pablo enseñó: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).

El hombre, que fue creado a imagen y semejanza de Dios, con una naturaleza eterna, por causa de su desobediencia tuvo que experimentar las consecuencias de la maldición del pecado. El autor del libro de Romanos dijo: “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23a).

La palabra “muerte” significa “separación”. El hombre, voluntariamente, se apartó de Dios, atrayendo a sí mismo la enfermedad, la muerte física y la destitución de la gloria de Dios (Romanos 3:23). El Apóstol, más adelante, hizo la siguiente declaración: “Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:11).

Luego, cuando escribe a los Efesios, les dice: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).

El éxito del hombre está en entender su propósito en esta vida, y llevarlo a cabo. Jesús fue el único ser que nació sabiendo cual era la misión que tenía que cumplir en esta tierra. El corazón de Jesús palpitó por la redención de las almas. Cada situación que al Señor Jesús se le presentaba, la aprovechaba de una manera extraordinaria, haciendo cosas totalmente novedosas y fuera de lo común.

Es decir, todo lo que Él hacía, era para la salvación de las almas. Razón por la cual Él dejó Su trono de gloria y se hizo hombre para así enseñarnos Sus verdades en nuestro propio lenguaje.

Al inicio de Su ministerio, Él escogió a doce hombres con el propósito de atender las diferentes necesidades de las personas. Él le predicó a las multitudes, pero también lo hizo con individuos de diferentes niveles sociales. Su obra evangelizadora la concluyó con Su muerte y resurrección.

Sin embargo, poco antes de ascender al cielo delegó Su autoridad y poder a Sus discípulos y les encargó que desde ese mismo momento en adelante, la redención de las almas, dependería de la manera en como ellos dieran a conocer ese mensaje de salvación.