4 DE ABRIL · FORTALECIDOS POR SU ESPÍRITU

Tanto Jesús como el Espíritu Santo y el Padre Celestial participaron en la redención de la humanidad, cada uno hizo Su parte. Si Jesús no hubiese tenido el apoyo del Espíritu Santo habría sido imposible que la redención se llevara a cabo; fue el Espíritu eterno de Dios el que llenó a Jesús con Su santa presencia y le dio las fuerzas para que pudiese llegar hasta la cruz y ofrendar allí Su vida y Su sangre a Dios, como si fuese un altar; todo lo hizo por el profundo amor que Él tiene por cada uno de nosotros.

La virgen María, sorprendida por las palabras que el Ángel Gabriel le habló sobre su embarazo, sin estar ella casada, el ángel, le dijo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:35). Jesús fue concebido, no por la intervención humana, sino por la intervención directa del Espíritu Santo. «Después de que Jesús fue Bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” (Lucas 3:21,22). Jesús sabiendo que era el hijo de Dios, no se atrevió a empezar su ministerio, sabiendo que la efectividad del mismo dependía de la comunión con el Espíritu Santo. Y lo primero que Hizo el Espíritu, fue impulsarlo al desierto a que se enfrentara con el tentador. Su victoria fue plena, porque no se movió en Sus fuerzas, sino en las del Espíritu de Dios. Después de esto, “Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.” (Lucas 4:14). El vencer la tentación, fortaleció al Espíritu Santo dentro de Él y Jesús sabía que ya estaba listo para dar inicio a Su ministerio.

Cuando entró en la sinagoga de Nazaret, leyó el texto de Isaías que dice: «El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” (Lucas 4:18-21). Cuando los apóstoles estaban pidiendo juicio contra los que no los recibieron, el Señor los reprendió diciendo: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.” (Lucas 9:55,56). Después Jesús apeló a las parábolas para enseñar a sus discípulos y les dijo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).