23 DE AGOSTO · FORMANDO EL MEJOR EQUIPO

Todo lo que los doce necesitaban conocer del Padre, lo verían en cada uno de los actos de la vida de Jesús. Conocieron que Él era la expresión de la divinidad, que era Dios hecho carne. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:19). Era importante que creyeran cada palabra de Jesús, pues esto los mantendría firmes en los momentos de prueba. Jesús tuvo que incomodarse para centrar toda Su atención en otros.

Con nuestro último hijo Matías, hemos tenido que incomodarnos. Mi esposa me decía: “Tener un hijo significa hacer a un lado todo egoísmo para dedicarnos de lleno a él”. Todo lo que el Señor hizo fue para que ellos pudieran imitarlo. El Señor logró sacarlos de sus pequeñas ciudades para que pudieran pensar en la redención de naciones enteras; la mejor manera de impactar una nación es a través de una visión estratégica. El Apóstol Pablo entendió la gran responsabilidad que había sobre sus hombros, pues sentía el peso por la evangelización de las naciones de la tierra, y dijo: Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!

Si logramos entender que un líder o un pastor que decide enfocarse en doce personas y las entrena hasta que están maduras en la Palabra, sabiendo que tienen un corazón sano y un carácter firme. Esos doce, si se dedican a hacer lo mismo, producirán 144 discípulos y si cada uno de ellos se esfuerza por conquistar doce discípulos tendríamos 1728. Si cada uno de ellos decide hacer lo mismo, podríamos tener 20.732. Si cada uno de ellos decide tener doce, el crecimiento sería de 248.832. Si cada uno de ellos decide tener doce, ya estaríamos hablando de 2.985.984. Si cada uno de ellos decide tener doce, estaríamos hablando de 35.831.808 que es la población de algunas naciones.

Para redimir naciones enteras debemos ser muy cuidadosos en la manera como conformamos nuestro equipo base, esto es, el equipo de nuestros doce. Algo que he visto y que es uno de los errores en que muchos se sienten tentados de caer es que se conforman con grupos incompletos, se sienten satisfechos con que algunos de sus discípulos tan solo logren ocho de sus doce y ellos dicen que va bien. Es un gran error. Los doce son como un círculo, y si un círculo no es enteramente redondo no es un círculo; un grupo con ocho o diez u once de los doce, no es un círculo, se requiere que esté completo para que pueda contarse.

Salomón dijo: “Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse” (Eclesiastés 1:15). ¿Ya cuenta usted con su equipo de doce? Lo aliento a no demorar en conformarlo. Busque la guía de Dios, pues Él tiene grandes sueños para usted y sus discípulos.