22 DE ABRIL · FE QUE REMUEVE LA PARÁLISIS

“Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.” (Marcos 2:5)

Posiblemente este paralítico había perdido casi todo, y digo casi todo, porque tan solo le habían quedado cuatro amigos que se compadecieron de él y pusieron de su parte para llevarlo a Jesús quien era el único que tenia la respuesta a su necesidad. Jesús vio no la fe del paralítico, sino la fe de sus amigos.

El paralítico de nuestra historia tenía cuatro amigos quienes habían comprendido que la respuesta a la necesidad de este hombre estaba muy cerca, pero que requería de su esfuerzo.

Nos encontrábamos en México, en una de nuestras convenciones, y mientras me reunía con el equipo del pastor anfitrión, tres de mis hijas hablaban con una joven, hija de un pastor que había concurrido a la conferencia. Esta joven, de tan solo dieciocho años de edad, había quedado inválida. Cuando mis hijas compartían con ella, sus corazones fueron conmovidos por su condición. Entraron a la sala donde me encontraba y me pidieron que saliera a orar por esta joven. Sin pensarlo dos veces, me llevaron donde ella se hallaba y me dijeron: “Papi, por favor, ora por esta joven”.

Me acerqué a ella y por cinco minutos le expliqué cómo obtener la sanidad en su cuerpo. La joven entendió cada palabra que yo le decía. Luego, la invité a que ella, con sus propias palabras, orara a Jesús para que Él le trajera sanidad. Mientras lo hacía, pude discernir que había fe en su oración para recibir la sanidad. Le dije que por causa de su fe el milagro ya estaba sucediendo. La joven, con bastante ánimo, se levantó y comenzó a caminar. Todas las personas que se encontraban en el recinto quedaron maravilladas por el milagro.

Pero también pude darme cuenta cómo esa experiencia marcó a mis hijas como predicadoras que son, pude percibir que el Señor puso una gran compasión por los enfermos.

Nos encontrábamos en New Castle, Reino Unido, en nuestra conferencia anual. Cuando terminé una enseñanza se me acercó un hombre, jugador profesional de fútbol; vino a pedirme oración por su vida espiritual. Después de la conferencia, fuimos a cenar con algunos pastores y nos encontramos nuevamente con este hombre en la mesa contigua.

Entonces, sentí en mi espíritu compartir un momento con él. Creo que aquella noche los velos que tenía en su mente cayeron definitivamente. Al día siguiente, en la conferencia, este joven pasó al frente a dar su testimonio. Habló de la experiencia de la noche anterior, y cómo las pocas palabras que le había dicho tocaron profundamente su vida.

Este joven haciendo alusión a lo que le había compartido dijo: “Cuando el pastor explicó que el placer estaba en el cuerpo, la felicidad se hallaba en el alma, pero que el gozo se encontraba en el espíritu, y que únicamente Jesús me podía dar ese deleite; esas palabras me llegaron tanto que salí dispuesto a conquistar el gozo de mi espíritu. Por dos horas estuve hablando con Jesús, y tomé la determinación de sólo vivir para Él”. Dios en un solo instante liberó a este joven de una parálisis que había en su espíritu que le ayudo a conectarse con Jesús nuestro redentor.