23 DE JULIO · FE QUE DA CORDURA

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” Romanos 12:3

Este pasaje de la Escritura enseña que Dios mismo dio una medida o porción de fe individual a Sus hijos, la cual es la llave para conquistar todo aquello que, de otra manera, en lo natural sería imposible alcanzar.

Probablemente usted pensaba que no tenía fe, pero la fe está en su vida y se activa por medio de la Palabra de Dios. En la medida que esté en contacto con las Escrituras, su fe irá creciendo de tal modo que se sorprenderá por todo lo que podrá hacer para Dios.

El Señor Jesús dijo: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).

El conocimiento de Su Palabra produce una seguridad interior que nos motiva a hacer firmes confesiones sobre aquellas cosas en las cuales hemos creído; tal confesión de fe se convierte en un decreto en el mundo espiritual, pues los ángeles toman esas palabras y actúan a través de ellas. El Señor nos enseña a no dudar en nuestro corazón, esto significa que debemos mantenernos firmes e invariables en lo que hemos pronunciado. Sobre la fe, Jesús también nos enseñó: “…porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:20).

El grano de mostaza es la más pequeña de todas las semillas que existen, puede compararse con el tamaño de la cabeza de un alfiler. El Señor toma como ejemplo lo más diminuto como medida de fe, para enseñarnos a conquistar lo más grande.

Dios no nos pide comenzar con una gran fe, sino una fe tan pequeña como la cabeza de un alfiler con la cual a medida que crece podremos lograr hasta lo imposible.

Semanas después de iniciar la Misión Carismática Internacional, éramos unas treinta personas y, en oración pedí al Señor que me diera la estrategia para crecer. Como he comentado en otro de mis libros, Él me hizo dos preguntas: ‘¿Qué quieres?’ y ‘¿En qué tiempo lo quieres?’ Vemos que la fe debe tener una meta clara, un deseo correcto y un tiempo específico.

Después de estar un día en oración, vino a mi mente el número doscientos y entendí que tal era mi primer desafío. Conquistar doscientas personas en seis meses. Escribí el número doscientos en todo lugar visible, y a diario reclamaba en oración esas doscientas personas para Cristo en nuestra iglesia. A los tres meses, esto ya era una realidad.

Dios anhela que usted aprenda estos preciosos principios que lo llevarán a conquistar todo aquello que parecía imposible en su vida.