7 DE JULIO · FE QUE CONFORTA NUESTRO ESPÍRITU

Una de las áreas en las que más vulnerable es el ser humano; tiene que ver con sus emociones. pues en la mayoría de los casos; las heridas mas profundas en el corazón, fueron causadas por aquellos que mas decían amar. Y para poder volver a confiar en las personas, se requiere una dosis especial de fe para que el alma de las personas sea restaurada.

Conocí el caso de una mujer que sufría por la rebeldía de su hijo quien era esclavo de los vicios. Esta mujer, cada vez que veía a su hijo bajo los efectos del alcohol, le suplicaba que no lo hiciera mas, que con esa actitud estaba acabando con su vida. Pero ni las lagrimas, ni la suplica ni los concejos inmutaban en lo mas mínimo a este hombre; quien la miraba con desprecio.

Esta mujer se refugió en la oración y le expreso al Señor: “Padre, he orado y derramado lágrimas por la salvación de mi hijo, mi deseo es que él te sirva, pero Señor, no voy a derramar ni una lágrima más por él; si tú lo tienes para que él sea tu siervo, sálvalo ahora, si no, tienes la libertad de llevártelo ahora”. Al llegar su hijo bajo efectos del alcohol, ella le comentó acerca de la oración que le había hecho al Señor; y le ratifica prefiero llorarte muerto, que continuar con ese flagelo día a día.

Hijo no me volverás a verme llorando por ti, porque ya derrame mi corazón ante Dios. Cuando él la escuchó la firmeza con que su madre le hablo, entendió que ella no estaba bromeando; sintió tanto temor, que aquella misma noche estuvo de rodillas orando y pidiéndole por su salvación, e implorándole al Señor que perdonara sus pecados. Ese día experimentó la salvación y al poco tiempo empezó a congregarse en una iglesia cristiana, a capacitarse bíblicamente y hoy día sirve a Dios como pastor con toda su familia.

A través del profeta Ezequiel, el Señor dijo: Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y guardéis mis preceptos y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27).

Nadie en este mundo podrá jamás tener dos corazones al mismo tiempo; nadie puede volcarse un poco a Dios y otro poco al pecado. Quien está del lado de Dios, aborrece el pecado, y quien gusta pecar, no sigue a Dios. La promesa de Dios es: “corazón nuevo, espíritu nuevo”. Cuando esto sucede, Dios remueve de nosotros el corazón duro y también el espíritu rebelde. El espíritu que recibimos es el Espíritu mismo de Dios. Apreciado amigo esta es su oportunidad de conectarse con Dios.