8 DE SEPTIEMBRE · FE, NUESTRA CARTA DE GARANTÍA

Es imposible que alguien en este mundo pueda conquistar lo espiritual sin la fe. La fe nos lleva a relacionarnos con Dios de una manera personal.

En lo natural, cuando una mujer queda embarazada, aunque en los primeros meses ella no ve el desarrollo de su bebé, de todas maneras puede sentir cómo esa vida se va formando en su interior.

El Dr. Cho comento: “No necesito saber que tengo mis dos brazos para moverlos, solamente sé que están ahí y cuando los necesito los uso; así es la fe, no necesito saber que la tengo, ya ella está dentro de mi y la uso.”

“Si tu visión es clara, todo tu ser disfrutara de luz. Pero si tu visión esta nublada, todo tu ser estará en oscuridad.” (Mateo 6:22 NVI)

Dios nos dio la capacidad de ver con los ojos espirituales todo aquello que pertenece al Reino de Dios. Para ver en el reino espiritual, se requiere pasar un tiempo considerable en la presencia de Dios. El Señor mando al pueblo de Israel a que meditara en su palabra. Y meditar en el hebreo significa: ver y confesar.

Los científicos han podido comprobar que lo que la persona logre percibir en su mente, el sistema nervioso lo recibirá como si ya hubiese ocurrido, y lo apreciará como una realidad. Un ejemplo de esto es mi hija Sara, cuando llega a los restaurantes, lo primero que hace es pedir un limón. Lo parte en dos, le quita las pepas (semillas) y luego vuelve a cortar cada mitad a su vez por la mitad. Se lo lleva a la boca, y empieza a morder la pulpa y absorber el jugo del limón. Permítame preguntarle: ¿Qué sensación tuvo usted mientras yo compartía esto? Note como la imagen del limón, al ser recibida por el sistema nervioso, produjo hasta una especie de percepción de la acidez de este cítrico.

Este ejemplo nos permite comprender el poder que reside en una imagen. Tan sólo al pensar y visualizar un limón, sin siquiera llegar a degustarlo, produce la sensación de acidez.
En Hebreos el apóstol dijo: “Por la fe sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros”. (Hebreos 11:34).

Debemos tomar el ejemplo de estos hombres de Dios que lograron cambiar las circunstancias a través de la fe. Abraham y Sara no podían tener hijos, pero llegaron a ser padres de naciones. José a pesar de todo lo que vivió por causa del rechazo de sus hermanos, se mantuvo firme y llego a ser el gobernador de Egipto.

Dios quiere transformar toda nuestra debilidad en una gran fortaleza. “El pequeño vendrá a ser mil y el mayor un pueblo fuerte.” (Isaías 60:22).