27 DE JULIO · FE INQUEBRANTABLE

La fe del creyente ha de estar fundamentada en la Palabra de Dios, pues todo cuanto anhele ser alcanzado depende de lo que Dios dice en las Sagradas Escrituras. Pedro estuvo toda una noche intentando pescar algo; en la madrugada, en medio del cansancio y la fatiga, escuchó que el Señor le dijo: “Echa tu red a la derecha”. Pedro le dijo: “Señor, toda la noche hemos luchado y no hemos conseguido nada”. Jesús le insistió: “Echa tu red a la derecha”, y Pedro manifestó: “Señor, por tu palabra, echaré la red”; segundos después, dada la cantidad de peces, era casi imposible sacar la red de las aguas. La bendición de la fe llega cuando se actúa conforme con la Palabra de Dios.

La fe nace en el corazón. Si me hubiese dejado guiar por los sentidos, quizá nunca hubiera conocido al Señor Jesús como mi Salvador. Tuve que entrar en la dimensión de la fe para que se operará un cambio radical y total en mi vida.

Por lo general, el ser humano tiende a andar por vista y no por fe; el hombre trata de aferrarse a lo que ve, olvidando que detrás de este sistema de cosas se encuentra todo un reino espiritual que no vemos, pero que es real y eterno. Hay tres maneras de aprender: el empirismo, el racionalismo y la fe.

La palabra pistis del griego, además de significar “creer”, equivale también a “fidelidad”, dándose a entender que la fe es más que un acto intelectual. La fe consiste en ser fiel a Dios en lo que Él manda, de tal modo que una persona de fe habrá de ser probada y hallada fiel en su conducta. El apóstol Pablo refiriéndose a Abraham dijo:

“El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia”. (Romanos 4:17).

Podemos ver que hay dos esperanzas; la primera viene de Dios y es aquella que llama las cosas que no son como si fuesen y la otra esperanza es aquella que se basa o se fundamenta en las circunstancias. Cuando la esperanza humana trata de comunicarse con la esperanza que viene de Dios, su frase favorita es: “es imposible”.

Se puede imaginar cuantas veces la palabra imposible retumbo en la mente de Abraham? La esperanza humana se apoyaba en el mismo cuerpo del patriarca y le decía: estas débil, mira tu cuerpo que estas a un paso de la tumba; además no hay un solo registro en la historia humana de que un par de ancianos hubiesen tenido hijos. Pero nada de esto afecto a Abraham; no dudo ni un solo instante, se fortaleció en la esperanza de Dios y se apoyo en la promesa divina. Declarando continuamente de que Dios es poderoso para cumplir su promesa y esa fe le fue contada por justicia y por eso llego a ser padre de naciones.