9 DE AGOSTO · FE GENUINA

El evangelista D.L Moody comentó en una oportunidad, “Oraba yo pidiendo fe, y esperaba que la fe viniera como un rayo, que entrara en mi cuerpo, que me estremeciera y me convirtiera en un hombre de fe, pero esto no fue así; un día leí el texto de Romanos 10:17: “La fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios”. Comprendí que la traducción correcta no es “la fe es”, sino “la fe viene”. La fe no está en nosotros, la fe está en Dios; Él es la fe y le plació revelar la fe a través de Su Palabra, desde entonces no cierro mi Biblia, la llevo constantemente para llenarme de fe, porque la fe está en Dios y solamente cuando tenemos contacto con Su Palabra, nuestro entendimiento se abre y podemos conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas” (citado por Henry H. Halley en la presentación de su Compendio manual de la Biblia).

La Biblia es la única fuente que puede producir fe en el corazón del hombre. ¿Cree usted que la Biblia es la Palabra viva de Dios? Si su respuesta es positiva, este es un buen comienzo para caminar por la senda de la fe, esta solo vendrá cuando usted tenga un contacto directo y permanente con la Palabra de Dios; por estudio de la misma, empezará a oír la voz de Dios. Cuando la Palabra de Dios llegue a su corazón, su fe se ensanchará, aunque ninguno de nosotros conoció a los escritores sagrados que fueron los instrumentos para la escritura de la Biblia, no obstante, creímos lo que ellos plasmaron en cada una de sus páginas, el mensaje que Dios les había revelado y en cada frase pudieron correr el velo para revelarnos la voluntad divina. Pablo dijo: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10:10.

El ángel le dijo a María: “Porque nada hay imposible para Dios” Lucas 1:37. De acuerdo con el griego la traducción exacta es, “Porque ninguna Palabra hablada por Dios será imposible”, la creencia en la Palabra es el medio que Dios utiliza para liberar su poder haciendo que lo imposible sea posible, y en este proceso, hay una intervención precisa del Espíritu Santo.

Cuando abrimos nuestro corazón con la misma pureza de un niño,  entonces la Palabra de Dios que es espíritu y es vida, puede penetrar en lo más íntimo de nuestro corazón, no debemos pretender conquistar con nuestra mente algo que le pertenece al espíritu. “Pero el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).