16 DE FEBRERO · FE EN LO QUE DIOS DIJO

Aprendimos ayer la importancia de ser fieles en los diezmos y siempre darle lo que le pertenece a Dios, hoy veremos cómo contrarrestar el argumento que se levantó al no haberle dado lo que le correspondía a Dios.

Cuando el Señor me hizo ver que le había fallado en los diezmos, hice una oración de confesión. La confesión es posterior al arrepentimiento; uno debe arrepentirse de su pecado, confesarlo y renunciar a él para alcanzar misericordia. Luego me llevó a entrar en pacto con Él, y me comprometí en las siguientes tres áreas:

El primero compromiso fue serle fiel en el diez por ciento.

Me comprometí en ser fiel con el diezmo y también a darle un diez por ciento más, o sea un total del veinte por ciento. Hay empresas que empezaron a diezmar el quince por ciento, y fueron aumentando al veinte por ciento y luego al treinta, hasta que algunas están dando el noventa por ciento y viven solamente con el diez por ciento que les queda. ¡Se pueden imaginar cuánto dinero gana esta empresa! Hay una gran prosperidad cuando se es fiel al Señor. “…porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día” (Deuteronomio 8:18).

Mi segundo compromiso fue reconocerle como la única fuente de mi provisión.

Le dije: “De todo lo que Tú me des, jamás daré la gloria a mi intelecto, ni a mi capacidad, ni a mis habilidades. Toda la gloria será única y exclusivamente para Ti”. Usted no debe aspirar a tener bienes para ufanarse o ensoberbecerse ante los otros, porque esto no es sano y puede así perder la bendición de Dios. Procure tener bienes, pero que ellos engrandezcan la obra de Dios.

Y mi tercer compromiso fue el de ser un buen administrador de lo que Él me ha dado.

Oré a Jesús diciendo: “De todo lo que obtenga, Tú serás el dueño, y en el momento en que me pidas algo, te lo daré, porque todo te pertenece”. Cuando me levanté de mis rodillas, sentí en mi espíritu que era ya un hombre próspero. Al siguiente día tenía una cita con un siervo de Dios muy querido y, cuando estábamos hablando, se quedó mirándome y me dijo: “¿Has tenido problemas financieros?” Le dije: “Sí, es verdad”, y le comenté mi situación. Inmediatamente sacó un cheque, y me dio una muy buena ofrenda de amor con la que pude cubrir parte de mis deudas. Cuando recibí ese cheque era tanta mi emoción que no sabía si cambiarlo o enmarcarlo. Desde ese entonces, estoy transitando por el camino de la prosperidad.

Hoy le invito a que se determine a darle a Dios sus diezmos y ofrendas; conocerá el vivir en bendición y esto lo llevará a una vida financiera en paz con Dios y a la sobre abundancia que Él tiene para usted.