19 DE MARZO · FAMILIAS SACERDOTALES

Juan y Janet Patton sentían el mismo de servir a Dios. Vivían en una sencilla granja en una pequeña parcela de tierra, pero criaron con éxito a once hijos, uno de los cuales fue el famoso misionero J.G Patton, el hombre que transformó para Dios las islas del Pacifico. Patton explica que cuando era niño pegaba su oído a la puerta de la habitación donde su padre oraba, no quería perder ni una sola palabra.

Muchos años después el gran misionero alababa a su padre diciendo: “Nunca, ni en un templo, ni en ninguna cueva, puede esperar sentir que Dios estuviera más cerca, más visible caminando con los hombres, que bajo el techo de aquella humilde granja, donde mi padre hablaba con Dios como un amigo. Aunque todo lo demás fue barrido de nuestra memoria, tanto mis hermanos como yo escuchamos aún los ecos de aquel clamor a Dios”.

Mi constante lema fue: “Si mi papá anduvo con Dios, ¿por qué no yo?” Éramos once hermanos los que fuimos criados en aquel hogar, todos nosotros llegamos a ser cristianos, consideramos a la iglesia como el lugar más amado de la tierra y el domingo como el día más hermoso de toda la semana.

Felices las familias educadas de tal modo que puedan conservar tales recuerdos del hogar.