17 DE SEPTIEMBRE · FAMILIA CON PROPÓSITO

El hogar puede constituirse en un agradable lugar de reposo, de paz y armonía. Podemos hacer de él un pedazo de cielo, o una sucursal del infierno. El mayor desafío que enfrenta cualquier persona es construir el propio hogar; para lograrlo con éxito, uno debe analizar si realmente podrá llevar esta tarea a cabo.

El mayor deseo de todo hombre es llegar a su casa y saber que hay alguien que le ama y le espera; el mayor anhelo de toda mujer es oír expresiones de amor y recibir gestos de cariño. Uno puede comenzar a dar amor, luego que ha tenido una experiencia sobrenatural con Dios, que es amor; Él es el único que puede guiarnos a tener un hogar de amor y mansedumbre.

El hombre debe entender que con sus palabras puede hacer o deshacer a la mujer; ella es el resultado de lo que él ha sembrado a través de los años. El Apóstol San Pablo dijo: “… la mujer es la gloria del varón” (1 Corintios 11:7). La mujer debe entender que el hombre anhela escuchar palabras que lo alienten, motiven y edifiquen; al honrar al hombre es algo que a él lo hace sentir amado. Los hijos necesitan escuchar palabras de motivación, anhelan que sus padres les presten atención en las actividades que desarrollan, en los sueños por alcanzar y en las relaciones de amistad que tienen.

Doy gracias a Dios por cada una de las columnas que son el soporte de nuestro matrimonio; una de las más importantes es haber comprendido que aunque los dos somos tan distintos, a Dios le agradó unirnos en Su tiempo para que fuésemos el uno para el otro. Ambos decidimos voluntariamente someter nuestro hogar a la plena dirección divina; debido a ello, hemos visto Su protección y Su cuidado en cada instante de nuestras vidas; en nuestro hogar siempre se respira y se palpa una atmósfera de gloria.

Mi esposa Claudia y yo somos fieles testigos de que la bendición sí es integral. En todo el tiempo de nuestro matrimonio hemos crecido espiritualmente, nos hemos dado cuenta de que de nada sirve tener bienes materiales si uno de los cónyuges no se desarrolla espiritualmente. ¡Ningún bien material podrá llenar el vacío de una frustración conyugal!

Dios diseñó al ser humano de tal forma que pueda recibir y expresar amor, pero muchas veces es difícil lograrlo por las heridas emocionales con las que se llega al matrimonio.

Sé que la ayuda del cónyuge es tan importante que colaborará para superar cada uno de estos traumas y, de este modo, el matrimonio podrá sanarse y así estar listo para ocuparse de aquello que Dios le ha confiado. ¿Qué está dispuesto a cambiar para agradar y bendecir a su cónyuge, sus hijos, sus amigos?