28 DE MARZO · ESTABLECIENDO EL REINO DE DIOS

Jesús se encontraba de camino a Jerusalén por última vez, en este trayecto pasó por Jericó. La infinita misericordia de Dios hizo que el corazón de Zaqueo se inquietara y se preguntara: “¿quién es Jesús?” Y aunque había mucha gente impidiéndole el paso, él pensó: “tengo que hacer algo para llegar a Él”. A pesar de que era una persona muy influyente y adinerada, Zaqueo también tenía una gran necesidad de acercarse a Jesús, tal vez para aquietar su conciencia de todas las cosas incorrectas que había hecho.

Zaqueo mostró un gran esfuerzo y su curiosidad fue tanta que incluso se subió a un árbol sicómoro. Cuando el Señor vio el esfuerzo de este hombre, lo miró con amor, lo llamó por su nombre y le dijo: “¡Date prisa porque es necesario que te visite hoy!”. ¡No, me imagino la alegría de Zaqueo cuando escuchó que Jesús decía su nombre! Y aunque alrededor se podía escuchar el murmullo de las personas diciendo: “Cómo va a ir a la casa de este hombre pecador? La mirada de Jesús había traído esperanza a la vida de Zaqueo, él sabía que su vida nunca más volvería a ser la misma. Este encuentro con Jesús trajo un genuino arrepentimiento, recuerde lo que dice Éxodo 22:1: “Si alguien roba un buey o una oveja, y los degüella o los vende, por el buey devolverá cinco bueyes, y por la oveja devolverá cuatro ovejas. Zaqueo decide restituir lo malo que había hecho”.

Creo que debemos imitar la diligencia que tuvo Jesús en su ministerio, no perdamos ninguna oportunidad de traer el Reino de Dios a casa vida que Dios coloca en nuestro camino.