1 DE JULIO · ENTRANDO EN LA DIMENSIÓN DE LA FE

El Evangelista (D.L. Moody dijo: “Oraba yo pidiendo fe, y pensaba que algún día la fe caería sobre mí desde el cielo, como un rayo. Pero la fe no parecía venir. Hasta que leí en Romanos 10:17.

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Antes cerraba mi Biblia, y pedía fe. Ahora abría mi Biblia y comenzaba a estudiar, y desde entonces mi fe no ha cesado de crecer”.

La fe no está en nosotros, está en Dios, y solamente cuando tenemos contacto con su Palabra, nuestro entendimiento se abre y podemos conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas. Pablo dijo: “La fe viene cuando oímos atentamente la Palabra de Dios y obedecemos lo que ella dice”. Para que venga la fe es necesario primero vivir la experiencia del arrepentimiento, Dios tiene que limpiar nuestra vida de pecado, romper las ataduras que hayamos adquirido; entonces la palabra de Dios cobra vida y podremos escuchar la voz del Señor diciéndonos: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmos 32:8).

Después de que se han roto las cadenas de opresión, y se cancela la maldición del pecado, la Palabra divina es comprendida con mayor claridad y entender lo que Dios nos dice, aviva la fe en los corazones. Pablo dijo: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Oír la Palabra hace que la creamos, y creerla nos eleva a una fe genuina motivándonos a confesarla. La fe es necesaria en todas las áreas de la vida. El autor de los hebreos dice: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Un creyente que está fundamentado plenamente en la Palabra de Dios, ha de estar preparado para entrar en la dimensión de la fe.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:8-10).

Entendiendo que la gracia es el favor inmerecido de Dios; nosotros no hicimos nada, todo lo hizo el mismo Señor; Él abrió nuestro entendimiento para que al leer la palabra nuestra mente se abriera para la fe y de esta manera reconocer que nuestros pecados nos separaron de Dios, y que el precio de nuestro rescate ya fue pagado por nuestro redentor, en la cruz del calvario.