15 DE MAYO · EN MANOS DEL REDENTOR

“Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? Dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:2-6).

El profeta Jeremías se encontraba frente al alfarero, y se tomó su tiempo para ver cómo este trabajaba haciendo una vasija de barro, cuando él daba por sentado que había culminado su obra, de una manera intempestiva la vasija de barro se echó a perder. Pero el alfarero no se puso a llorar, ni a lamentarse, sino que tomó un nuevo aliento y decidió hacer otra vasija, que llegara a superar la anterior. Y el Señor tomó esta circunstancia para ilustrarle al profeta el plan que tiene con Sus hijos.

El Alfarero Divino, después de haber preparado el lugar donde el hombre establecería su morada, se entregó a formar al hombre del polvo de la tierra. Ahora, debemos entender que el nombre de Dios es “Elohim”, y este no es un nombre que esté en singular, sino que está en plural; razón por la cual entendemos que Dios es trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en la creación del hombre, los tres estuvieron trabajando en completa armonía.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26a). En el hombre Dios plasmó Su imagen, la cual representa la parte externa, pero también plasmó en él Su semejanza, que representa la parte interna de Dios, además el Creador hizo con el hombre algo completamente diferente a lo que había hecho con cualquier otro ser de la creación; pues todo fue creado por medio de la palabra: “Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos… Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así” (Génesis 1:20-24).

Pero con el hombre fue muy diferente, primero fue moldeado por las mismas manos de Dios, quien se inclinó ante Su obra maestra la cual estaba a punto de recibir vida, y acercó Sus labios a la nariz de Adán y dio un soplo que provenía desde lo más profundo de Su ser, y de este modo el hombre se convirtió en un ser viviente. luego dios le dio su compañera, pero lamentablemente ellos desobedecieron a Dios y fueron expulsados del paraíso. Y dios tuvo que ofrendar a su único hijo, quien con su muerte y resurrección en la única opción redentora, para que todo aquel que en el crea no se pierda, mas tenga vida eterna.