31 DE MAYO · EN LAS PISADAS DEL MAESTRO

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8:31-32

Aquellos que Jesús escogió como Sus discípulos no eran los más brillantes. El Señor eligió gente sencilla pero moldeable y, aun así, tuvo momentos de confrontación con algunos. Ellos pudieron conocer al Padre Celestial a través de Jesús y estuvieron dispuestos a dejarse moldear por Él.

Jesús se enfocó en Sus doce, invirtió tiempo en ellos. No pasó con las multitudes los mejores años de su vida, porque este contacto fue esporádico; un día estaba con un grupo, al otro con una población diferente. El único grupo que Jesús no cambió fue el grupo de doce. Salomón dijo: “Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse” (Eclesiastés 1:15). Cuando un cohete se lanza al espacio, si tiene una leve inclinación, cuanto más avance, más distante estará del objetivo. Igualmente, quienes se determinen por Jesús deben seguir cuidadosamente Su camino y no desviarse, pues al apartarse y regresar a Él observarán cuánto han perdido.

Desde el primer momento deben determinarse a pisar en la huella que Él dejó marcada. Pedro dijo que Cristo nos dio ejemplo para que nosotros sigamos Sus pisadas (1 Pedro. 2:21). Y Pablo dijo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).

¿Qué es lo completo? Doce; piense en un reloj de once números, está incompleto, si no hay doce números no se puede contar. Un día tiene doce horas. Jesús lo dijo: “¿No tiene el día doce horas?” (Juan 11:9).

Creo que el mayor desafío de cada creyente es conformar su equipo de doce discípulos. De esta manera, sus oraciones van a ser direccionadas a la conformación de ese equipo. Entendiendo que al que pide se le dará, y el que los busca los hallará (Mateo 7:7).

En su libro “El plan maestro para la evangelización”, (1963), Robert E. Coleman alude a una pregunta que le hizo a Billy Graham. “Si usted fuera el pastor principal de una iglesia numerosa en una ciudad principal, ¿cuál sería su plan de acción?” El reconocido evangelista respondió: “Una de las primeras cosas que haría sería rodearme de un grupo de diez o doce personas que se reúnan varias horas por semana y paguen el precio. Les costaría algo en tiempo y esfuerzo. En un período de varios años, yo les compartiría todo lo que tengo, así tendría doce ministros de entre los laicos, que a su vez tomarían ocho o diez o doce o más y para enseñarles.

Conozco una o dos iglesias que lo están haciendo y la congregación está revolucionada. Creo que Cristo estableció este patrón; invirtió la mayor parte de Su vida en doce hombres. No pasó este tiempo con una gran multitud. De hecho, me parece que cada vez que tenía una gran multitud, los resultados no eran muchos. Me parece que logró los grandes resultados en Sus encuentros personales y en el tiempo que pasaba con los doce”.