JULIO 17 · EN LAS PISADAS DEL MAESTRO

Este hombre Cornelio, abrió la puerta para la redención a aquellas naciones que no hacían parte del pueblo de Israel. Su dedicación a dios lo expresaba con las oraciones con los ayunos y con las ofrendas; razón por la cual Dios envió un ángel para que le diera instrucciones de cómo debería el acudir a la persona correcta: esto es el apóstol Pedro. 

Ya en la casa de Cornelio, Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. 36Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. 37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Hch 10:34-38. 

Como resultado de esa visita nació la primera reunión celular para personas no judías; y lo que aconteció en esa reunión fue la continuación de lo que había sucedido en el Pentecostés. El espíritu Santo descendió sobre los que estaban reunidos familiares y amigos del centurión y todos comenzaron a adorar al Señor en otras lenguas. E inmediatamente Pedro mandó bautizarles en nombre del Señor Jesús. 

Podemos ver que:

  • Cornelio era piadoso, temeroso de Dios con toda su casa.
  • Preparó el ambiente para asegurar el éxito de la reunión.
  • Su casa fue puerta de bendición para la iglesia de Jesucristo.
  • Pedro fue la respuesta a las oraciones de Cornelio.
  • Pedro pudo visualizar la redención de los gentiles.
  • Pedro fue obediente a la voz de Dios.
  • Pedro fue sensible al mensaje que debía dar.
  • Sus palabras fueron respaldadas por la unción del Espíritu Santo.

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34,35). 

Como podemos ver, se requiere de una autoridad espiritual para ministrar a aquellos tienen hambre y sed de Dios. Necesitamos Pedros, pero también Cornelios, que abran sus casas para predicar el evangelio.