MARZO 21 · EN LAS MANOS DEL ALFARERO

En las Escrituras encontramos ejemplos de hombres y mujeres a quienes Dios tuvo que moldear para que así pudieran cumplir Su propósito. Dios tuvo que hacerlo con Moisés, quien vino a ser uno de los grandes líderes del Antiguo Testamento, pero para ello pasó años de su vida en el desierto antes de que Dios pudiera confiarle Su obra. Nadie anhela pasar por el fuego de la prueba, pero es necesaria para moldear el carácter que luego nos permitirá mantenernos firmes cuando alcancemos el éxito. Conocemos varios casos en los cuales las personas se resguardaron en Dios ante problemas de escasez, más cuando alcanzaron el éxito, éste definitivamente los apartó. He podido entender que de acuerdo a la dimensión de la prueba, será el tamaño de nuestro ministerio. Si usted ha padecido pruebas muy difíciles de superar, confíe en Dios que el suyo será un ministerio de gran proyección.  

Moisés como ejemplo de formación, de liderazgo y amistad con Dios, fue tratado por su temperamento fuerte, aunque sabía que tenía una gran responsabilidad con las personas de su nación, en él había algo que Dios tenía que tratar y era su carácter. En una ocasión vio a un egipcio como maltrataba a un judío, y se enojó tanto que decidió tomar justicia por sus propias manos, y de un golpe mató al egipcio enterrándolo luego. Esto hace la mayoría de las personas con temperamento fuerte, se alteran, ofenden con sus palabras y luego tapan con una simple justificación, diciendo “es lo que se merecía” o “había que ponerlo en su lugar”. Moisés creyó que había solucionado el problema ocultándolo, pero todo salió a la luz y tuvo que huir al desierto dejando atrás todos los lujos del palacio. Allí en el desierto, Dios tomó tiempo para tratar con su carácter hasta hacer de él, el hombre más manso de toda la tierra, (Números 12:3).