19 DE MAYO · EL RITMO DE NUESTRA CARRERA

Desde el primer momento en que entregué mi vida a Jesús, tuve el sentir de que Dios me había llamado para que le sirviera. En ese momento no sabía ni entendía que estaba entrando en una carrera; pero de algo estaba seguro, que aquello tan extraordinario y sobrenatural que había recibido en mi encuentro con Jesús, quería compartirlo con el mayor numero posible de personas.

San Pablo dijo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). La genuina conversión se caracteriza por la gratitud de nuestro corazón por todo lo que Dios hizo por nosotros y esto nos desafía a que nos esforcemos por llevar a otros a que reciban lo mismo que nosotros ya recibimos.

Además el mismo Señor nos ayuda dándonos sueños que son inspirados por el Espíritu Santo. Y nuestros ojos espirituales se abren teniendo visiones de algo que va mas allá de nuestras expectativas, que el mismo Señor nos da la convicción de que los podemos lograr. Al mismo tiempo entramos en un nuevo nivel de la fe, donde no nos dejamos influenciar por la lógica; porque entendemos que la fe, siempre debe estar por encima del conocimiento humano.

“Mas el justo vivirá por fe y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10:38). La lógica es como el taxi que le lleva solamente al aeropuerto, para abordar el avión de la fe que lo llevará a su destino eterno. O está en el avión de la fe o está en el taxi de la lógica; no puede viajar en ambos al mismo tiempo. Recuerde los sueños grandes y nobles son el material con el que entretejemos nuestro futuro.  Cuando tenemos compromiso de alcanzar a otros, que es salvarlos de una condenación eterna; recibimos tanta seguridad en nuestro corazón que no cabe la menor duda de que estamos enfocados en la carrera que el mismo Señor nos dio el privilegio de que participemos en esa noble labor.

Pablo tenía un concepto correcto de sí mismo, él dijo: “Y pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes apóstoles. Pues aunque sea tosco en la palabra, no lo soy en el conocimiento; en todo y por todo os lo hemos demostrado” (2 Corintios 11:5-6). David dijo: “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros” (Salmos 45:7).

En este Salmo David revela el corazón de nuestro Redentor, que da por sentado que Él no se sienta a negociar con los malos, ni debilita la justicia y que además goza de una unción que todos sus siervos también la deben tener: que es el óleo de la alegría, que equivale a disfrutar de la presencia del Espíritu Santo dentro de nuestras vidas de una manera permanente.