20 DE MARZO · EL PODER DE UNA VISIÓN

Era la primavera año 1965. El astrofísico francés, Blamont, había tenido una oportunidad de fotografiar ciertas posiciones estelares que no volverían a repetirse en medio siglo. El mundo astronómico esperaba con ansiedad los resultados de aquellas fotos. Cuando éstas, al fin, se examinaron, hubo pánico ya que el equipo fotográfico había fallado. Parece que uno de los lentes se había aflojado, había quedado fuera de enfoque. Cuando el científico ya se disponía a echar a la basura su trabajo, Jorge Stroke, un ingeniero eléctrico, le dijo: «No lo botes. Dame un tiempo, a ver si te produzco algo que te pueda servir.»

En efecto, cumplió su promesa. Stroke había descubierto que esas imágenes, no eran más que una serie de sombras y luces formadas por puntitos microscópicos. Para reproducir una foto enfocada de nuevo —dedujo Stroke—, tendría que trabajar, por medio de un microscopio. El ingeniero Stroke logró entregarle las fotografías al científico en una condición casi perfecta. El milagro de la hazaña fue la gran noticia en el mundo. Así como cada una de las fotos iniciales de Blamont, también la vida de muchos de nosotros no es más que una imagen desenfocada no tenemos una visión. Nada está claro. Nada tiene definición.

Nada nos sale bien. Nuestra vida revela una evidente falta de visión. Pero gracias a nuestro Padre celestial, hay un Ingeniero que sabe cómo tomar nuestra vida opaca e indefinida y hacer de ella una imagen nítida, de alta definición. Se trata de su Hijo Jesucristo.