18 DE JUNIO · EL PODER DE SU PALABRA

Gracias al libro de Génesis podemos tener conocimiento de la manera como Dios hizo el universo; donde podemos ver que detrás de la precisión, belleza y armonía que existen en cada aspecto de la creación está la inspiración, la sabiduría y el amor de un ser con una naturaleza espiritual y eterna, y que se llama Elohim (Dios).

Este Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, no tuvo una creación como la de cualquier ser humano o angelical, porque Dios vino a ser el Creador de todo lo que existe. Dios siempre trabaja en equipo, el Padre diseña, el Hijo (quien también es conocido como el verbo de Dios, y la expresión del deseo del corazón del Padre) da la orden, y el Espíritu Santo se encarga de ejecutarla.

Cuando Dios propuso en su corazón crear al mundo, crear al hombre, simplemente envió Su palabra, cada palabra dada por Dios va cargada de poder.

Antes de que existieran los ángeles, antes de que hubiese mundo, antes de hubieran seres, era Dios. Solamente Él creó los cielos y la tierra, por medio de Su Palabra. Pero todo esto lo podemos comprender a través de la fe. “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

Jesús es la Palabra viva de Dios, que opera en armonía con el Espíritu Santo. En la creación, ambos lograron transformar el caos en algo útil y hermoso.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)

“Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Vs 16.17). Era indispensable que el Verbo se hiciera carne. En Él reposa toda la autoridad y la potencia divina. Cada palabra que salía de Sus labios era dinamita.

Dios tiene una manera muy particular para sorprender a Sus hijos. Esto fue lo que sucedió con el profeta Ezequiel cuando el Señor lo llevó a un amplio valle lleno de huesos secos, los cuales estaban dispersos por todo el campo. La pregunta que le hace el Señor es: “¿Vivirán estos huesos?”. A lo que el profeta respondió: “Señor Jehová, tú lo sabes” (Ezequiel 37:3).

Dios lleva al profeta Ezequiel a entender que cuando el Espíritu y la palabra de confesión se unen, hacen revivir todo aquello que ya estaba muerto. Recordemos lo que dijo El Señor Jesús; “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6:63).