23 DE ABRIL · LA MEJOR EXPRESIÓN DE AMOR

Cuantas personas caen de una manera inocente en manos de maleantes, que no se conforman con tan solo quitarles lo que les pertenece, sino que además los dejan tan heridos, que solo anhelan que alguien misericordioso se apiade de ellos. Las víctima son innumerables; puede ser una mujer que ingenuamente le entregó su corazón a un hombre malo, o alguien que le confió sus finanzas a un ladrón, o un padre que le confió la educación de su hijo a un profesor ateo, etc.

Este pasaje nos da una de las mejores descripciones de cómo se encuentran quienes viven distanciados de Dios. Satanás, a quien el mismo Señor llamó “ladrón”, tiene una misión: hurtar, matar y destruir (Juan 10:10). Aquellos que han caído en sus garras quedan como el hombre de esta parábola, despojados de todo lo que han conseguido a lo largo de su existencia. En un solo instante, el diablo roba todo cuanto tienen, incluyendo su fe, abandonándolos medio muertos en el camino. Esta es la condición en que muchos se encuentran, y algunos se han acostumbrado a convivir con sus propias heridas.

Cuando una persona sufre una herida requiere, inmediatamente, un antiséptico para evitar cualquier infección. Así como sucede en lo natural, ocurre en lo espiritual. Si una herida física no es tratada debidamente produce infección, lo mismo acontece con una herida emocional que debe ser tratada urgentemente, antes de que esta se convierta en amargura, debido al odio. Y puede motivar a la venganza. En muchas situaciones conlleva a depresión, a la soledad, la a tristeza; y en otras ocasiones conduce a la muerte. y otras consecuencias más.

Una de las estrategias del enemigo es entrar de manera muy sutil en la vida de las personas y, silenciosamente, ganar terreno hasta tener completo control sobre ellas. Frecuentemente, las heridas que más perturban al ser humano son las causadas por quienes más confiesan amarlo; entre ellos, el cónyuge, los hijos, los padres o los hermanos. Satanás quiere robarnos la felicidad, asaltar la esperanza y despojarnos de toda ilusión. Así, reduce nuestras fuerzas y nos deja sin ánimo para enfrentar la presión de las emociones lastimadas. En ese momento es cuando bajamos la guardia, aceptamos la derrota y comenzamos a creer que el fracaso es parte de nuestro vivir. Debemos entender que esto no es verdad. El propósito divino para nosotros es de completa paz, libre de todo tipo de opresión.

El buen samaritano tomó dos elementos para auxiliar al herido: Vino y aceite. El vino se usaba como antiséptico para desinfectar la herida, en la ultima Cena Jesús alzo la copa y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20).

El aceite es un prototipo del bálsamo del Espíritu Santo. Aunque algunas lesiones son tan profundas, solo la sangre de Jesús y el bálsamo del Espíritu, podrá traer sanidad y restauración total.