3 DE ABRIL · EL PACTO DE DIOS

¿Cómo podría Dios hacer un pacto con la casa de Israel y enseñarle lo que declaró a través de Jeremías si no se producía un cambio en el código genético? El Padre estaba diciendo que este nuevo pacto es un cambio en el ADN, un cambio en el código genético. Lucas relata sobre la última cena del Señor Jesús donde dijo: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19,20).

Para que la Palabra de Dios pudiese estar en la mente y cincelada en el corazón, se requería un milagro que solo se podría producir en la sangre de cada individuo. Al respecto el apóstol Juan escribió: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:11-13). Lo que Juan declara es que la puerta quedó abierta para todos. Los requisitos fundamentales para que ocurra un cambio en sus códigos genéticos, son: Recibir a Jesús como el Señor y salvador de sus vidas y creer en su nombre.

El Profeta Isaías al respecto dijo: “… y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6). Jesús es el mismo Dios que se hizo hombre para salvar a todos los que hemos creído en él. Con estos dos requisitos dentro de nosotros, como lo dijo Jeremías: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón.” Es cuando nuestra mente se abre y el Espíritu Santo ilumina todo nuestro entendimiento para comprender de una manera muy clara la Palabra de Dios. Y como dice cantares: “Ponme como un sello sobre tu corazón” (Cantares 8:6).

Cuando usted descubre la grandeza del poder de la Sangre de Jesús, toda su vida cambia, será transformada de una manera sobrenatural; pues ya el lastre de las maldiciones ancestrales, no serán más un estorbo en su crecimiento espiritual, porque ahora usted ya disfruta de un nuevo código genético que ahora fluye a través de su vida.

El apóstol Pedro escribió: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18,19).