25 DE ENERO · EL NUEVO NACIMIENTO

Habiendo sido enriquecido de repente por una herencia inesperada, un hombre tuvo el propósito de hacer feliz a alguno con un puñado de sus monedas. Saliendo a la calle se vio de pronto ante un mendigo, muy conocido, quien sentado sobre el suelo pedía como siempre limosna a los viandantes. Sacando su libro de cheques le extendió uno de ellos y le dijo: “Vaya al Banco, entregue este papel, y le darán un puñado de monedas, que yo le regalo”.

Elhombre, sorprendido, dio las gracias como en sueños, guardó el cheque y siguió tendiendo su mano a los que pasaban.

Al día siguiente su bienhechor le halló en el mismo lugar, en la misma posición, tan mísero como siempre.

– Pero ¿no fuisteis a cobrar el dinero que te regale? Le pregunto.

– Si, señor fui, pero cuando me vi en aquel hermoso lugar, ente aquellos ricos señores tan bien vestidos, y yo me vi tan miserable, no me atreví a entrar, temiendo que me echarían…. ¿Cómo podía yo esperar que con aquel papel me dieran dinero, tan miserable como soy? – contesto el pobre mendigo.

-Pone mi firma al pie- exclamó enfadado el generoso donante-. Ellos no iban a mirar tu aspecto, si no mi buena firma registrada en los libros. Ve de nuevo al Banco y presenta mi papel sin dudar. La firma mía al pie es todo cuanto les interesa.

Para el pecador deseoso de su salvación, lo único que debe inspirarle confianza es la firma al pie del documento de su indulto, la que Cristo estampo con su propia sangre. La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado y somos nuevas criaturas en Cristo Jesús.