7 DE FEBRERO · EL INVITADO QUE NO PUEDE FALTAR

Bajo la lona del circo hubo un tenso instante de expectativa. Iba a realizarse el show más esperado por los espectadores. Era el momento en que el trapecista, estrella del programa, haría un triple salto mortal. El hombre iba a lanzarse de un trapecio que se balanceaba a doce metros de altura. El trapecista realizó su salto mortal, la banda de música comenzó a tocar una alegre marcha, y el público aplaudió admirado. Acto seguido, el director de pista anunció: «Y ahora, respetado público, tendremos una boda.» Fue así como Arturo Gaona y Noemí García; estrellas del circo, se casaron en lo alto del trapecio. El Reverendo les impartió la bendición. Esa boda no fue solamente linda. Fue también simbólica ya que toda pareja que se casa en estos tiempos tiene que hacer verdaderos malabarismos para poder permanecer felices, «hasta que la muerte los separe». Hay tres consejos que podemos sacar precisamente de la profesión del trapecista.

En primer lugar, los esposos necesitan la destreza que sólo se obtiene mediante constantes entrenamientos. En segundo lugar, necesitan desarrollar músculos fuertes y ágiles. Y, en tercer lugar, necesitan tener fe en su pareja; fe basada en la confianza que sólo inspira quien es leal. Por último, todas las parejas que, por cualquier circunstancia adversa, estén a punto de dar un salto mortal, también deben saber que hay otro Compañero fiel y digno de confianza que los espera al otro lado. Se trata de Dios, el que concibió el matrimonio. Él puede, y quiere más que ningún otro, salvar la unión.

Con toda confianza, puedes poner tu matrimonio en las manos seguras del Padre celestial.