15 DE MARZO · EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO

La Gran Muralla China o Chángchéng (“larga fortaleza”), fue edificada en la Dinastía Qin, 200 años antes de Cristo, con el fin de protegerse de los ataques de los habitantes de la actual Mongolia.

El emperador Qin Shi Huangdi, unificó el Imperio en el año 221 antes de Cristo y unió los trechos de muralla construidos previamente. Durante los siguientes mil años que duró la reconstrucción, la muralla llegó a tener 7300 km de longitud, con aproximadamente 6 metros de ancho y 8 metros de altura; características que la convertían en un gran lugar de vigilancia. Con la construcción de esta gran fortaleza no era fácil que el enemigo atravesara para derrotar al imperio chino.

De una forma similar, en medio de todo conflicto, somos nosotros quienes creamos fortalezas en lugar de fortalecernos en el Señor. ¿Qué es una fortaleza? Es una estructura pensante que tenemos dentro de la mente que se convierte en una creencia. Cuántas veces has pensado que no vas a poder cambiar, que tu carácter es así. Tal vez son incontables las oportunidades que de tus labios salieron palabras negativas hacia tu familia, hacia ti mismo. No hay duda que estas son fortalezas necesitan ser derribadas de tu carácter.

Cuando permites que el fruto del Espíritu Santo crezca y se evidencie en tu vida podrás estar rodeado de amor, gozo paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre y dominio propio.