21 DE MAYO · EL CAMINO CORRECTO

El profeta Jeremías continuamente tenía que confrontarse con el pueblo de Israel y de Judá, porque no les hablaba lo que ellos querían escuchar, sino del sentir del corazón de Dios. El profeta fue fiel en advertirlos sobre los juicios divinos, más el pueblo se mantuvo firme en su obstinación, y esto equivalía a unir el fuego con la leña.

Aunque Dios le había prometido a Su pueblo que lo pondría por cabeza y no por cola, Dios le recuerda que la iniquidad los priva de todos los privilegios que tenía como nación, y sus pecados invalidaban las bendiciones.

Es increíble como esta gente perversa se infiltra dentro de las comunidades, con la misión específica de destruir a aquellos que tienen ministerio, y debilitar la fe de la gente. Ellos saben cuándo atacar, dando golpes certeros; manipulan la profecía, tergiversando la Palabra de Dios, e imponiendo su propio punto de vista.

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14). Los líderes espirituales tienen la responsabilidad de llevar medicina al pueblo de Dios, pero para que esto se lleve a cabo, se requiere la presencia del Espíritu Santo en las vidas de los líderes.

Como pastores pudimos entender que nuestra labor va más allá de dar un simple mensaje, pues debemos preocuparnos por la restauración espiritual, emocional y hasta física de cada una de las personas que Dios trae a nuestras comunidades. Debemos evitar darles recetas equivocadas con el fin de quitarlos del camino, haciéndoles creer que todo está bien y que nada malo les va a acontecer. “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos” (Jeremías 6:16)

Dios quiere que sus hijos hagan un alto en el camino, y reconozcan en verdad que se han desviado de la senda; al igual que el viajero que decide detener la marcha y averiguar cómo llegar a la ruta correcta a pesar de haber avanzado un gran trayecto por el camino equivocado. El Señor le está pidiendo a Su pueblo: “Vuelvan al camino correcto”.

Cuando Felipe le preguntó al Jesús diciéndole: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.” (Juan. 14:8-11).